martes 26 de agosto de 2008

Noche 11 de 365 noches de sexo

Noche 11. Miércoles 20 de agosto de 2008.

La calle libertad y la avenida libertinaje hacen esquina, se cruzan en el centro de la ciudad, en la colonia libre albedrío. Es decisión personal tomar la calle o la avenida, ya al oriente ya al poniente, ya hacia arriba ya hacia abajo, pero todas las vías llegan y salen del corazón… de la ciudad.

Anoche, antes de regresar a casa, pasé por la farmacia de la colonia y adquirí algunos condones de colores perfumados con olor a frutas, compré además una pastilla de viagra de 50 miligramos. Jamás había consumido dicha pastilla ni ningún otro medicamento o remedio para lograr una mejor erección, así que tenía ciertos temores y dudas respecto a posibles efectos secundarios, o colaterales. La curiosidad y la necesidad fueron más poderosas que las dudas, y por el intenso placer experimentado esa noche considero que valió la pena tomar el riesgo, pues mi pareja y yo fuimos intensamente felices disfrutando de nuestros cuerpos, cogiéndonos cariño y gozando de nuestro amor apasionadamente.

Jamás mi erección se había prolongado por tanto tiempo como anoche, así que mi reinita y yo aprovechamos para practicar más posiciones que de costumbre. Creo que utilizamos una gran variedad de maneras de tener sexo, quizás más que las que conocíamos.

Como no llegaba yo al clímax y mi erección se mantenía más allá de lo acostumbrado, ella logró más de tres orgasmos consecutivos, los que gozamos y festejamos con más besos y caricias, con más palabras de amor y de compromiso con nuestro futuro en pareja.

El misionero, el sesenta y nueve, el perrito y otras posiciones ya conocidas fueron mero trámite. “Sexo en exceso” sería el nombre más adecuado si tuviese que bautizarse la noche de anoche. Usamos varios condones de colores llamativos con olor a fresa, a uva y a manzana. El sexo anal no faltó y no fue ni menos ni más, simplemente fue.

Sostener indefinidamente una erección para realizar tal variedad de posiciones y darnos tantos besos y caricias fue como un regalo por el cumpleaños adelantado que las parejas acostumbran festejar de diversas maneras. No hubo serenata ni flores, pero hubo palabras y caricias y sexo y más sexo hasta que nos dolió el sexo y acabamos por quedarnos dormidos, exhaustos.

Casi al amanecer, el efecto de la pastilla aún no había cesado y mi pene erguido me despertó cuando la sábana empezó a elevarse amenazadora como volcán a punto de expulsar toda la lava hirviendo que se había quedado atrapada en el fondo de los abismos de mis maliciosos antojos animales. Así que nos echamos el matutino del autista cuyo comportamiento es repetitivo y prolongado y nuevamente paramos sólo cuando ya estábamos exhaustos y mi volcán había dado a luz por enésima vez. Luego nos quedamos dormidos otra vez hasta cerca de las siete de la mañana.

-Buenos días, -dije mientras besaba en la boca a mi compañera en el camino de la vida.

-Ella despertó aún con la sonrisa en sus labios y con una expresión de felicidad tal que sólo acertó a sonreír embelesada y a decir una vez más: “te amo.”

Luego se quedó dormida nuevamente y así la dejé cuando me marché para el trabajo pensando si compraba limones para chuparlos antes de entrar a mi oficina o de plano me arriesgaba a que mis compañeros descubrieran por mi expresión la felicidad que irradiaba y me desbordaba por todos los poros de la piel.

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Atentamente
"Siempre intento, aunque no siempre puedo"
El conejo impotente
Paulino Arreola
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PAULINO ARREOLA ARREOLA