viernes 15 de agosto de 2008

Noche 5 de 365 noches de sexo

Noche 5. Jueves 14 de agosto de 2008.

El viaje por los secretos del amor es misterioso y rejuvenecedor. Después de tres series de ejercicios en el gimnasio regresamos a casa sin tener un plan definido para una noche diferente en la intensa relación que mi reinita y yo hemos disfrutado en los últimos dos meses. Nos bañamos y luego salimos en nuestra camioneta para dar la vuelta por la ciudad sin un destino definido.

Después de tomar unas copas de nuestro acostumbrado licor de almendras en un bar de la venida 16 de septiembre y avenida Adolfo López Mateos nos trasladamos hasta llegar a una pequeña plaza del fraccionamiento Los Parques, justo frente al hipódromo. Estacioné mi camioneta y contratamos por tiempo un taxi que pasaba por el lugar y era conducido por una hermosa dama.

Emprendimos un viaje con la única finalidad de recorrer las avenidas más iluminadas de la ciudad. Ya de camino, mi pareja y yo nos abrazábamos enamorados en el asiento de atrás y nos besamos sin incomodarnos porque la conductora del taxi ocasionalmente atisbaba discretamente a través del espejo retrovisor mientras avanzaba rumbo al centro de la ciudad.

Sin prisa, el taxi viró a la derecha por la avenida Juárez y nuestras caricias habían empezado a hacerse más íntimas. Suavemente liberé a mi mujer de su entallada blusa y del sostén de sus maravillosos gemelos paraísos. Acaricié con ambas manos sus frondosos melones y le chupé tiernamente las cerezas que de sus árboles frutales colgaban maduras.

De pronto abrí los ojos y nos encontrábamos viajando en el Ribereño rumbo al oriente de la ciudad. Ella me había sacado para entonces la camisa y ya pellizcaba suavemente mis pezones mientras con su lengua envenenaba mis oídos y los llenaba de palabras musicales que erizaban mi piel.

Ya por la avenida Tecnológico rumbo al sur nos encontrábamos completamente desnudos y nos habíamos arreglado para que ella se montara en cuclillas encima de mí, yo sentado sobre el sillón y ella tomada de mi cuello con ambas manos mientras frotábamos nuestros ya sudorosos pechos para hacerlos hervir más conforme la pasión nos envolvía en la locura de amarnos sin límites y sin importar lo que sucediera a nuestro alrededor.

Saciamos nuestros instintos en varias ocasiones y de regreso por la avenida Oscar Flores aún jadeábamos como adolescentes en su primera noche de amor y nos repetíamos tantas veces lo enamorados que estábamos el uno del otro y nos hacíamos tantas promesas que la conductora del taxi debió pensar que éramos unos locos porque a nuestra edad muchas parejas han dejado ya de amarse y permitido que la rutina domine su cotidianeidad.

Ya vestidos seguimos disfrutando del paseo por las luces de la ciudad hasta que la conductora nos indicó que el tiempo contratado estaba por terminar; por lo que le indicamos que nos regresara al lugar en donde habíamos abordado.

Al descender del taxi abordamos nuestra camioneta y sin hablar regresamos a casa cada uno ensimismado en sus pensamientos y reviviendo en la mente las experiencias que las últimas noches habíamos disfrutado juntos e imaginando las que aún nos faltaban por vivir.

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Atentamente
"Siempre intento, aunque no siempre puedo"
El conejo impotente
Paulino Arreola
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