Noche 6. Viernes 15 de agosto de 2008.
Me pregunto si una señorita siente durante su primera vez lo mismo que yo sentí anoche. Conforme su dedo ingresaba sentí algo de molestia, pero una vez insertado todo pasó a estar bien. De hecho, mejor que el ingreso fue la permanencia. Prefería que lo que había entrado no saliera o que lo que saliera ya no entrara más.
Si lo sacas ya no lo meterás, le dije a mi reinita, y si lo metiste ya no lo saques. Es preferible que lo muevas dentro sin aferrarte a estar extrayéndolo e incrustándolo. Olvídate de eso, sólo explora todo desde adentro y disfruta y déjame gozar.
Apenas el día de ayer había platicado yo con una amiga del trabajo acerca del proyecto que estoy realizando y en sus comentarios prevaleció la idea de que estaba bien continuar con éste, siempre y cuando no estuviese repitiendo lo del punto G y lo del sexo oral constantemente.
“No pretendas que sólo por cambiar de escenario la historia será diferente” me habría dicho mi amiga, “más bien debes intentar cosas nuevas; eso es lo único que podría motivar a tus lectores a seguir contigo. Existen muchas parejas en el mundo para quienes tus textos serán de gran ayuda. Sin embargo, no lo hagas sólo por ellas, hazlo por la libertad de expresión y por la búsqueda de tu propio estilo literario. La historia juzga”.
Otro amigo muy respetable me habría dicho amablemente que debía parar de publicar cosas de la intimidad de las personas y regresar al estilo y género literario con el que mis tres lectores me han conocido. A ambos y a otros escritores amigos escuché con todo respeto y consideré sus opiniones y consejos. Pero, finalmente, concluí que la decisión final de publicar o no el producto de este proyecto era sólo mía, pues soy el único que sufrirá o gozará del impacto positivo o negativo que se ocasione con estos textos que escribo para los adultos que deseen leerme.
El infierno y el paraíso son vecinos tanto como el dolor y el placer a pesar de ser considerados extremos opuestos de un continuum y, usualmente, la gente llega a confundirse y cree estar en el otro extremo. Hay dolores placenteros y placeres dolorosos; permanecer en el umbral es delicioso.
El sexo anal, como experiencia nueva resultó ser interesante y prometedora. Mi pareja estaba tendida sobre la cama y yo en posición de perrito sobre ella. El dedo medio de su mano derecha encastado en un condón trabajó a conciencia en mi ano untado de aceite y su mano izquierda jugueteó afanosamente con mi pene a la altura de su boca.
La masturbación y la exploración rectal simultáneas resultaron ser una experiencia tan increíblemente escandalosa e impactante que no acierto a discernir si sufrí un orgasmo o disfruté una violación.
Muchos momentos en la vida de las personas están ubicados justamente en la línea entre el dolor y el placer, entre el infierno y el paraíso. ¿Quién juzgará si el dolor de la crucifixión resultó ser un verdadero placer por los beneficios que el sacrificio trajo para la humanidad?, ¿quién sino cada individuo decidirá lo que hace con su cuerpo en aras del placer o del dolor cuando se realiza en compañía de la pareja amada?
Reinita, te amo, y te amaré siempre, pero más te amo ahora que nos hemos atrevido a explorar nuestros cuerpos sin limitaciones. Si esto no es amor, ¿entonces qué es? Si esto no es el paraíso, ¿por qué no me han expulsado?
Hasta mañana, vida mía, que duermas feliz y tus sueños estén llenos de mí, como los míos están de ti.
Mi dios no tiene sexo… se masturba.
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Atentamente
"Siempre intento, aunque no siempre puedo"
El conejo impotente
Paulino Arreola
Para ideas, sugerencias o comentarios respecto a esta ocurrencia, envíame un correo a: escribe@paulinoarreola.com

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