martes 19 de agosto de 2008

Noche 9 de 365 noches de sexo

Noche 9. Lunes 18 de agosto de 2008.

La mujer que ama será una prostituta en la cama y una dama en la mesa para enseñorearse del hombre que ella ha elegido y que a su vez la eligió como eterna compañera.

En el hogar, ella come del cuerpo de su marido y se alimentan el uno al otro con palabras, besos y caricias que llegan al centro del corazón y a la esquina más transparente del alma.

Aunque había aún muchas personas corriendo, caminando, ejercitando, después que nosotros trotamos cerca de cinco kilómetros, como hemos hecho por las últimas tres semanas, discretamente nos dirigimos hacia la parte trasera de las gradas del parque recreativo Revolución, que está justo enseguida de la escuela secundaria federal de Altavista.

En muchas ocasiones no es tan importante la posición o las maneras de tener sexo, sino el lugar en el que se lleve a cabo, como sucedió al anochecer de este día.

La adrenalina corre por todo el cuerpo de la pareja cuando se hace el amor a la intemperie en un lugar en el que hay peligro de ser visto, pues aunque uno se atreve a dichos riesgos no está planeando ser observado por otras personas. Sólo los desquiciados lo hacen sin importar si son observados, y de hecho, procuran que así suceda.

Es pues el peligro, el riesgo o la incertidumbre lo que, como en nuestro caso, ocasiona cierto placer extra a la relación sexual de dos personas que se aman y que lo hacen así solamente con la intención de procurarse novedad y no permitir que la pareja tropiece con la rutina y llegue a caer aparatosamente en una relación desastrosa.

Después de un “rapidito,” como se le conoce a las relaciones puramente sexuales en las que no interviene ningún grado de preparación previa, de arrumacos, de palabras tiernas, de cachondeo, nos vestimos tan rápido como nos habíamos desvestido y salimos de nuestro escondite detrás de las gradas y caminamos dos vueltas mas en derredor del campo de futbol antes de marcharnos a casa para hacer las cosas bien, como Dios manda.

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Atentamente
"Siempre intento, aunque no siempre puedo"
El conejo impotente
Paulino Arreola
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