-Noche 16. Lunes 25 de agosto de 2008.
Esta es una noche especial para mí, porque he acabado de comprobar que las estrellas no sólo están en el cielo, sino que también se encuentran entre nosotros, pero que al igual que las del firmamento, son tantas que no hemos apreciado el brillo que todas y cada una de ellas posee.
El descubrir un diamante entre las piedras, el encontrar una aguja en un pajar, el encontrar a la letra perdida entre párrafos y líneas es un milagro, es algo casi imposible de lograr. Por lo que a partir de hoy, este libro en progreso llamado: "365 noches de sexo, con la misma", se enriquece con la colaboración de una poeta y narradora en potencia, de una escritora a quien sólo le hacía falta una oportunidad de mostrar al mundo lo que quizás todas las damas poseen, pero que no todas se atreven a mostrar, su talento para escribir. Lo que se lee a continuación, es producto de una mujer que ha decidido iniciar su carrera literaria con el seudónimo de "Reinita":
"Cuando la puerta de la habitación se cerró tras de nosotros, intenté hacer algo diferente, las luces se apagaron para dar paso a la magia y a la sensualidad.
Hace unos días fui a visitar una bailarina profesional para que me instruyera acerca del arte de los bailes eróticos y sensuales. Le pedí que desde su perspectiva me mostrara las técnicas básicas para hacer lo mismo que ella realiza.
Inicialmente, me cuestionó el por qué de mi interés en algo que usualmente se reserva para que los hombres gocen y que ellas escenifiquen. Le expliqué que de ninguna manera era cuestión laboral sino que al lado de mi pareja deseaba vivir una noche diferente para no caer en la rutina y regalarle momentos intensos de placer.
-Considero, -le dije- que todas las mujeres, casadas o no, debiéramos de informarnos acerca de estos temas para vencer los miedos y tabúes ante nuestro hombre y así lograr atraer su atención de diversas formas. De tal manera que si las chicas “malas” podían hacerlo, todas nosotras también, en razón de satisfacer a nuestra pareja.
-Te enseñaré -me dijo,- pero además debes asistir por lo menos una vez a presenciar el espectáculo en un escenario real, si no es que ya lo has hecho alguna vez.
Según me comentó “Jackie”, su nombre de batalla, debe primero procurarse la creación de un ambiente propicio; la delicadeza en los movimientos, la mirada y los labios juegan un papel muy importante. Así que con atención escuché todo lo que me explicaba con la intención de poner en práctica alguna noche un baile sugestivamente erótico y sensual.
Así que, noches después de la instrucción y de disfrutar de un espectáculo en el que Jackie era el centro de atención de una gran cantidad de caballeros, al cerrar las cortinas me enfoqué en realizar todo lo que en teoría había aprendido.
Debo confesar que como todo lo que haces por primera vez, y aunque esto parece fácil, me resultó muy difícil tomar la decisión de llevar a cabo este acto de desnudismo privado y artístico. Me fue difícil por todos los tabúes, miedos y demás prejuicios que desde pequeñas instalan en nuestro ser los adultos, pero estaba decidida a realizarlo ante mi hombre así que finalmente lo llevé a cabo. Todo a media luz.
Las velas y los inciensos pusieron un toque especial a la habitación, rodeándola de una percepción diferente a lo acostumbrado de día. Esa era la intención. “La música es importante”, me había dicho Jackie, así que procuré temas ejecutados con saxofón, mismos que con tan sólo escucharlos acaban por excitar, por lo sublime de las interpretaciones y la calidad sonora de los modernos discos compactos.
Improvise un tubo en la habitación. Poco a poco empecé a desvestirme hasta quedar con un traje de dos piezas que mi marido me había regalado días atrás con el logo del equipo de futbol de la UNAM.
Le dije a mi puma que se pusiera cómodo y que disfrutara del momento. Quedé de pie frente a él. Mis movimientos eran lentos pero seguros y a la luz de las velas logré hacer notar las partes de mi cuerpo que deseaba observara.
Inicie abriendo el compás de mis piernas. Luego tocando lenta pero maliciosamente mi cuerpo me inclinaba de vez en vez hasta tocar mis pies para luego volver hasta ese lugar donde los lactantes disfrutan a placer, los acaricie lenta pero insistentemente, después volteaba el cuerpo poniendo ante él todo lo mágico que los hombres hurgan por detrás de una mujer.
Movía las caderas al ritmo de la música, mostrando por instantes una faceta que ni yo misma conocía pero que a ambos excitaba plenamente, haciendo que los deseos más íntimos de mi hombre se transportaran hasta mí.
A pesar de la poca distancia que nos separaba se hicieron palpables las emociones entre ambos, quedando poco a poco al descubierto la grandeza que lo caracteriza y que desde el principio intente motivar.
Repetí esto, hasta hacer que su virilidad enloqueciera, permitiendo que su imaginación volara un poco más abajo de mi cintura. Desde ese panorama podía él ver perfectamente mi silueta en cualquiera de sus ángulos. Suavemente levanté una de mis piernas hasta hacerla subir a la altura de la cara para permitir que el deseo lo llenara de punta a punta con mi anatomía tantas veces explorada pero a diferencia de hoy, sin permiso aún de tocar.
Lentamente tocaba mi cuerpo con mis manos a plenitud, como si adivinase que las partes por donde mi mano pasaba, la lengua de mi hombre añoraba hacerlo también. Mi cabello largo por momentos tocaba la cintura y un poco más abajo. Mi lengua jugueteaba con mis dedos humedeciéndolos lenta pero atrevidamente sin dejar de mirarlo en todo momento para que con esto lograra yo transmitir este fuego que a mí también ya me consumía.
Con los dedos aún húmedos, llegué un poco más debajo de mi barbilla hasta alcanzar nuevamente ese punto donde la aureola queda erguida hasta casi explotar de placer para nuevamente seguir hurgando en mi cuerpo hasta ese lugar donde la vida y el éxtasis convergen, ese lugar a donde solo el ser amado tiene acceso y que en esta ocasión disfrutaba yo acariciarlo para él.
A conciencia, realicé esto una y otra vez hasta que noté esa urgencia de mi hombre por tocar. Pero una vez más no lo permití, solo accedí a que él se acercara un poco para luego depositar sobre el un líquido café de un olor delicioso que había preparado con anticipación. Lamí lentamente a sorbos cada gota del chocolate líquido impregnado en su piel haciendo que su cuerpo ardiera de placer por el calor que ya quemaba y que yo no permitía que emergiera totalmente.
Así, con el chocolate y mi saliva sobre él, insistí con el baile de manera tal que con mi cuerpo frotaba el suyo como queriendo que el líquido se confundiera entre ambos, pero prohibiendo a sus manos tocar. No fue sino hasta que dijo “YA”, que permití a sus manos rodear mi cuerpo para disfrutar ambos de esas descargas de electricidad, de ese fuego que ya nos consumía y pedía a gritos transformarse en placer, logrando así una vez más que nuestros cuerpos se estremecieran de goce ante tanto derroche de atrevimiento, amor y ternura.
No sé cuánto nos besamos ni las veces que nos juramos amor eterno. Sé que esa noche permitimos a nuestros sentidos disfrutarse total y plenamente una vez más, como siempre, cuando gozamos el uno del otro allí en nuestra tan amada intimidad."
Noche anterior ------------------ Noche siguiente.
Atentamente
"Siempre intento, aunque no siempre puedo"
El conejo impotente
Paulino Arreola
Para ideas, sugerencias o comentarios respecto a esta ocurrencia, envíame un correo a: escribe@paulinoarreola.com

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