Afuera: una camisa blanca y una gorra de vigilante saludan para dar la bienvenida a los concurrentes. Adentro: un elegante traje oscuro con corbata roja acaricia a un vestido largo y los vidrios de la camioneta se empiezan a empañar a casusa del calor humano que se evapora entre boca y boca. Más adentro: un vestido de quinceañera y unas zapatillas nuevas se abren paso entre las mesas para saludar a los invitados que han llegado temprano.
Afuera: el guardia revisa uno a uno los automóviles que van ingresando al lugar y les señala con su lámpara de baterías un lugar para que se aparquen. Adentro: contemplo en los ojos de mi dama las estrellas en el cielo y nos vamos desnudando el uno al otro pausada y tiernamente. Más adentro: la música va envolviendo con su sutileza el estado de ánimo de los asistentes y por debajo de las mesas los pares de zapatos empiezan a practicar el vaivén de las ilusiones que no se realizaron jamás.
Afuera: el hombre de la lámpara camina inquieto de un extremo al otro del estacionamiento y apura el paso para dar la impresión de profesionalismo ante los clientes del lugar. Adentro: mis manos recorren todo el camino que en mi mente ya viajé noches atrás y trato de mostrar destreza para no estropear el cálido momento de abrazar y besar a la mujer que amo. Más adentro: la niña-mujer busca entre la multitud una sonrisa que noches atrás le hizo soñar que había encontrado ya a su príncipe azul que la haría elevarse hasta los límites del cielo al ritmo de un vals ensayado a conciencia con otro chambelán.
Afuera: calculando mentalmente el número de cajones disponibles y los automóviles que ingresaron, el guardia comprende que el estacionamiento se empieza a saturar y no puede evitar sentir cierto tedio por todas esas noches que en los últimos tres años ha debido realizar la misma labor. Adentro: procuro llevar la cuenta de todas las veces que la felicidad tocó a mi puerta y permití que escapara por confundir la pasión con el amor. Más adentro: la niña desliza la palma de una mano sobre los encajes de su vestido y con la otra se retoca el peinado esperando que su ilusión venga y la tome de la mano para conducirla al centro de la pista.
Afuera: el hombre hace un último recorrido apurado para ver si aún hay algún espacio para los que van llegando tarde y el dolor de ver sus ilusiones opacadas a lo largo de los años le pesa sobre las espaldas. Adentro: beso todos los rincones del cuerpo de mi dama para asegurarme de no dejar espacio huérfano de caricias y trato de beberme hasta la última gota de ternura del cuerpo de mi mujer pensando que un hombre no sabe y no debe dar por hecho que el amor de una mujer durará para siempre. Más adentro: la quinceañera revisa los últimos detalles antes de dar la señal para que el festejo dé inicio: el pastel está en su lugar, las copas para brindar están llenas de vino, la música en su punto, los invitados en sus mesas y el ramo de rosas en sus manos.
Afuera: el estacionamiento cierra sus puertas y el hombre nocturno no permite más ingresos al área ni pensamientos a su memoria, prefiere concentrarse en la música que desde dentro del salón le alegra el momento. Adentro: ella abre discretamente sus piernas mientras jadea sin recato y yo entro con toda la fuerza de los recuerdos de años perdidos y de noches solitarias en el rincón de sus anhelos. Más adentro: el vals empieza a rondar sobre la pista y los padres de la niña no pueden evitar que la humedad en sus ojos se escurra en caída libre cuando ven que su muñeca se ha convertido en una mujer que ahora se encuentra entre los brazos de un hermoso jovenzuelo que la conduce por la pista al ritmo que a ella le place.
Afuera: la lámpara de baterías y la gorra de vigilante descansan en algún rincón del espacioso lugar para dormitar por momentos y tratar de olvidarse de los celos que le atormentan cada vez más desde que trabaja de noche. Adentro: mi virilidad explota con fuerza incontenible y ocasiona con los violentos movimientos que la camioneta se balancee y a mi mente vienen imágenes de todos aquellos que antes de mí pudiesen haber visitado este mismo lugar para asistir a una fiesta de quince años. Más adentro: el vals se confunde por momentos con una balada desesperada que a la concurrencia le sabe a recuerdos amargos y a secretos de intimidad.
Afuera: alguien mira las estrellas, cigarrillo en mano, y expulsa el humo en espirales hacia el horizonte de sus ilusiones estacionadas en la rutina del trabajo nocturno que duele al recordar a su mujer que para esas horas debe estar ya durmiendo. Adentro: la luz de un cigarrillo ilumina suavemente el techo de la camioneta y el humo se queda estacionado en el interior mientras mi mejor amigo duerme extasiado. Más adentro: la quinceañera termina de ejecutar su primera pieza de baile en sociedad y los asistentes aplauden para desearle felicidad en la nueva etapa que hoy comienza, llena de ilusiones y sueños para el futuro que ayer empezó.
Noche anterior ------------------ Noche siguiente.
Atentamente
"Siempre intento, aunque no siempre puedo"
El conejo impotente
PAULINO ARREOLA ARREOLA
Para ideas, sugerencias o comentarios respecto a esta ocurrencia, envíame un correo a: escribe@paulinoarreola.com

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