Escalé hasta sus gemelos Mohinoras y en la cima disfruté de las alturas que en el éxtasis mareaban cada duda que el paisaje me mostraba. Como baile en zapatillas de charol yo zigzagueé toda la cumbre de sus sueños escondidos y en cascada Basaseachic me vacié con cada chorro que mi río serpenteaba.
Con mi lengua recorrí sus vertederos y sus presas fueron prisioneras de mis dedos extasiados al volar a cielo raso sus trigales abundantes y de aquel pato triguero de Ascensión besé más que simplemente un par de alas desde Janos a diciembre.
Sus manzanas en mis manos se volvieron asaderos de Ahumada y en los filtros de Camargo fui capaz yo de saciar todas las ansias contenidas en cabañas de la sierra. Por la noche las estrellas de Chihuahua me brindaron el placer de tres abrazos en la Prieta que en Parral fue como hogar de la Adelita.
En Delicias una virgen de Madero me chupó todos mis sueños y en sus besos cada verso en sus canales se gozó de la segunda de Rosales cual si fuera señorita ojos-azules y piel-blanca de Nonoava o de Guachochic.
En laguna de Ojos Verdes las estrellas de sus ojos me guiaron a Cuauhtémoc y en minutos desperté otra vez en Carichíc con una sábana tejida por chabochis de Guachochic en la noche de María cobijada por el manto de la reina.
La blancura de sus dientes me mordió en Samalayuca y en las aguas de Ojinaga nos metimos al granero sin rebozo ni sombrero y nos dimos arrumacos con gemidos desde Uruachic hasta el bosque en Gran Morelos.
En el tren que por la sierra serpentea nos comimos una torta y tres pescados y saciamos en su túnel mis instintos y sus ansias con el ritmo de guitarras de Jiménez y en Aldama la cajeta en sus mejillas resbaló entre mis miserias y se hundió en arroyos hondos donde Villa se ocultaba de los yanquis.
Con Cuarenta Casas Grandes y el ganado cara blanca nos sentimos satisfechos del amor que nos brindamos bajo el cielo de Balleza en una noche de calores y sudores muy privados que en orgasmos virginales explotaron en sus Grutas subterráneas y en los picos de la luna.
Agotados por el viaje tan extenso que su cuerpo y mis anhelos realizaron por las rutas del amor y la pasión, acampamos una noche en San Juanito, y en Bocoyna nos comimos un pollito zarandeado al estilo tarahumara para luego descender por el cañón del Cobre y entre plátanos y nueces nos amamos como prueba de equilibrio al pasar Piedra Volada degustando un buen teshuino asoleado en Baquiriachic.
Noche anterior ------------------ Noche siguiente.
Atentamente
"Siempre intento, aunque no siempre puedo"
El conejo impotente
PAULINO ARREOLA ARREOLA
Para ideas, sugerencias o comentarios respecto a esta ocurrencia, envíame un correo a: escribe@paulinoarreola.com

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