jueves 18 de junio de 2009

La silla vacía

LA SILLA VACÍA

Por Paulino Arreola Arreola

18 de junio de 2009.

La democracia es un sistema de organización en donde la toma de decisiones del gobierno debe responder a la voluntad colectiva de los ciudadanos. Para Wikipedia, la enciclopedia libre, hay varios tipos de democracia, entre las que destaca: a) democracia directa, b) democracia indirecta o representativa y c) democracia participativa. En México, utilizamos la democracia indirecta y representativa, en la que “…la decisión es adoptada por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes.”

Sin embargo, la democracia en México es un sistema que hace ya muchos años caducó, pues no se cumple con la condición básica para dar legitimidad a sus gobernantes.

Debido a múltiples factores, tales como: los repetitivos fraudes electorales perpetrados a lo largo de la historia de la democracia en México, el desencanto del pueblo a causa de la corrupción e ineptitud de sus gobernantes, etc., cada vez más ciudadanos votan por el partido o candidato “menos malo”, anulan su voto, o definitivamente dejan de votar.

Lamentablemente, la ley electoral obliga a votar exclusivamente por los candidatos que se indican en la boleta y que deben por fuerza pertenecer a algún partido político reconocido por el Instituto Federal Electoral. Es decir, el votante no tiene voz si no pertenece a algún partido y tampoco puede votar por candidatos independientes.

Por tanto, al ciudadano le quedan muy pocas opciones, entre las que sobresalen: votar por el candidato o partido menos malo, la anulación del voto y la de no acudir a votar.

En todos los casos anteriores se aplica el privilegio que tienen los ciudadanos en edad de votar, pues como votar es un derecho, el votante se adjudica la prerrogativa de utilizar el derecho o declinarlo.

Anular el voto o no votar también son formas de ejercer la democracia, porque implica la decisión de un ciudadano de no dar su apoyo a ningún candidato o partido. Sin embargo, los partidos se aprovechan del sistema en la medida en que por muy pocos votos que sean emitidos el día de la elección, de cualquier manera habrá un ganador al final de la contienda electoral.

Esto implica -como lo hemos comprobado a lo largo de la historia, cuando hemos tenido que elegir gobernantes para los tres niveles de gobierno y para el poder legislativo- que no siempre hemos tenido gobernantes o legisladores que fueron electos por mayoría. Es decir, ESTAMOS SIENDO GOBERNADOS POR LA MINORÍA, lo cual no es democracia.

Todos estamos de acuerdo en que debe reconocerse el triunfo al candidato que obtenga más votos, pero vea el siguiente ejemplo con piedritas, o con manzanitas, según como a usted le sea más fácil explicárselo a sus vecinos y compañeros de trabajo:

Si hay 100 votantes en el padrón, pero solo acuden 20 a sufragar, de los cuales 10 anulan el voto y el resto se reparte entre todos los candidatos en la contienda, al final tenemos que el candidato que obtuvo la mayoría relativa fue el que obtuvo 4 o 5 votos.

Entonces imagínese usted, amable lector, de 100 votantes que había en el padrón, nuestro flamante candidato ganador ha obtenido el derecho a representarnos por tres o seis años con tan solo el 5% de los miembros de ese distrito electoral, municipio, estado o del país.

Repito, nos gobierna la minoría, y eso no es democracia. Nuestro sistema electoral esta caduco.

¿Pero qué hacer para arreglar este sistema en donde nuestros gobernantes NO representan a la mayoría absoluta?

¿Qué hacer mientras esos legisladores electos por una minoría relativa siguen empecinados en legislar a conveniencia para perpetuar a sus candidatos y a sus partidos en los curules del poder legislativo y en los puestos del poder ejecutivo en sus tres niveles?

Mi propuesta concreta es la siguiente:

SI LOS CANDIDATOS NO LOGRAN LA MAYORÍA ABSOLUTA, ENTONCES QUE SE QUEDE LA SILLA VACÍA.

Por este medio hago una atenta invitación a todos los candidatos que aún conservan el principio de ÉTICA y el valor del RESPETO a la voluntad ciudadana, para que si no logran la mayoría absoluta el día de la elección, no acepten el puesto, pues no fueron electos por voluntad ciudadana, sino por aberración de una ley electoral que los mismos legisladores han diseñado a conveniencia.

Debido a la cercanía de las elecciones, no es probable que la ley electoral se reforme a tiempo para cumplir el requisito de MAYORÍA ABSOLUTA, pero si los candidatos cambian y FIRMAN ANTE NOTARIO el compromiso de no aceptar el puesto si no logran la mayoría absoluta, y lo cumplen, entonces los ciudadanos sabrán que esos candidatos y sus partidos son ÉTICOS y RESPETUOSOS. En consecuencia, los votantes sabrán cuáles candidatos y partidos se sacrificaron en bien de la democracia y seguramente serán reconocidos cuando se vuelvan a postular en elecciones posteriores.

Referencias:

http://es.wikipedia.org/wiki/Democracia

Fraternalmente,


"Siempre intento, aunque no siempre puedo"

El conejo impotente

Paulino Arreola Arreola

http://www.escritores.dechihuahua.com/columnistas/aap166.asp

escribe@paulinoarreola.com

lunes 19 de enero de 2009

I Premio Nacional de Novela "SOGECHIL" para obra publicada 2009

CONVOCATORIA

I Premio Nacional de Novela “SOGECHIL” para obra publicada.

La Sociedad General de Escritores Chihuahuenses en Línea (SOGECHIL), con la finalidad de conmemorar el primer aniversario de su fundación, convoca a todos los escritores mexicanos por nacimiento que residan en el país a participar en la primera edición del Premio Nacional de Novela “SOGECHIL” para obra publicada, bajo las siguientes:

Bases:

1. Podrán participar todas las escritoras y escritores mexicanos con domicilio en la república mexicana que presenten una Novela escrita en español y editada en Los Estados Unidos Mexicanos.

2. Las obras que se presenten a concurso deberán haber sido publicadas en el período comprendido entre el día 1 de enero de 2006 y el día 31 de diciembre de 2008.

3. No deben haber sido premiadas, ni estar pendientes de fallo en ningún concurso.

4. La extensión de la obra no es relevante.

5. Se presentarán los ejemplares editados, por triplicado, acompañados por un sobre con los datos de localización del autor como: nombre completo, correo electrónico, teléfonos y domicilio particular, así como una fotocopia de comprobante de domicilio.

6. La presente convocatoria queda abierta a partir del 17 de enero de 2009 al 27 de marzo de 2009 a las 15:00 horas, sin posibilidad de prórroga alguna.

7. Los trabajos enviados por correo se aceptarán a concurso si el matasellos postal no rebasa la fecha límite consignada, a la siguiente dirección:

Atención: Profr. Paulino Arreola Arreola

Edificio San Carlos, Avenida 16 de septiembre y Bolivia No. 1232, Despacho 115, Col. Partido Romero, Ciudad Juárez, Chihuahua, México, Código Postal 32100.

8. Los trabajos podrán ser entregados personalmente de 9:00 a 15:00 horas en el domicilio arriba mencionado.

9. De las obras presentadas personalmente se expedirá recibo y, en el caso de las enviadas por correo, servirá de justificante el resguardo del acuse de recibo.

10. Para más información llamar al teléfono: 01 (656) 629-3300 Ext. 55345, en Ciudad Juárez, Chihuahua, o escribir al correo: sogechil@dechihuahua.com

11. El premio será único e indivisible y consistirá en una obra plástica donada por el reconocido pintor y escritor mexicano Alberto Sáenz Enríquez, titulada “Martín Luis Guzmán Franco”. Además, el ganador del concurso recibirá un diploma acreditativo.

12. El Jurado, que estará integrado por reconocidos escritores cuyos nombres serán dados a conocer en su oportunidad, tendrá plenas facultades para obrar con libertad e interpretar las presentes bases. Su fallo será inapelable y podrá declarar el premio desierto.

13. El comunicado del fallo del Jurado se dará a conocer a través del portal de Escritores de Chihuahua (http://www.escritores.dechihuahua.com) y de otros medios de comunicación electrónica e impresa, precisamente el viernes 31 de julio de 2009.

14. Los trabajos enviados a concurso no se devolverán, pero podrían ser utilizados para premiar a ganadores de concursos posteriores convocados por SOGECHIL.

15. Todo lo no previsto en la presente convocatoria será resuelto por el Consejo Directivo de SOGECHIL.

16. La participación en este Certamen implica el conocimiento y la total aceptación de las bases, así como la interpretación que de ellas haga el Jurado convocado a tal efecto.

Cd. Juárez, Chihuahua, Enero de 2009.

F R A T E R N A L M E N T E,

Consejo Directivo de la

Sociedad General de Escritores Chihuahuenses en Línea

(SOGECHIL)

http://www.sogechil.dechihuahua.com

jueves 6 de noviembre de 2008

Premio Nacional de Autobiografía Alejo Carpentier 2008



Premio Nacional de Autobiografía Alejo Carpentier 2008

Estimados amigos de la palabra,

Transcribo mensaje recibido de Ricardo Clark, Director de AMAB

"AMAC. Por medio del presente, a nombre de la Asociacion Mexicana de
Autobiografia y Biografia (AMAC) nos es muy grato comunicarles que le
ha sido otorgado el PREMIO NACIONAL DE AUTOBIOGRAFIA ALEJO CARPENTIER
PARA OBRA PUBLICADA 2008, a Paulino Arreola Arreola, por su trabajo
MEMORIAS DE INFANCIA.Además de las felictaciones del jurado, le
comunicamos que su Diploma acreditativo, lo mismo que la obra pictorica
del maestro Miguel Angel Guereña le sera enviada en fecha proxima.

Ricardo Clark, Director de AMAB
Sergio Gelista Secretario General"
-o-o-o-o-
Más información en:
http://www.escritores.dechihuahua.com/noticias/2008.asp

martes 7 de octubre de 2008

Noche 29 de 365 noches de sexo

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-Noche 29. Domingo 7 de septiembre de 2008.


Así como la montaña y el colibrí de Alberto Blanco, mi reinita y yo nos amamos con tal vehemencia que no hubo necesidad de cambiar de posición para que nuestras explosiones produjeran el hongo del mundo.

¿Le puedo ayudar? le pregunté a la hermosa doncella cuando me detuve al ver que su automóvil estaba aparcado a la orilla del camino.

Ella asintió con una sonrisa inocente y temerosa, pues la iluminación en esa área del Camino Real no es la más adecuada y ella temía por su seguridad. Había intentado llamar varias veces a su compañía aseguradora y a su esposo, pero la grabación del celular siempre contestaba que se encontraba fuera del área de servicio y luego se cortaba la comunicación, pues al parecer también su batería del celular estaba abaja.

Aunque no soy mecánico, traté durante unos minutos de encontrar el motivo del desperfecto sin éxito, por lo que terminé por preguntarle si deseaba que la llevara en mi automóvil a algún lugar desde donde pudiera llamar y ver si alguien le ayudaba con su automóvil.

Al verse ante la inminente posibilidad de quedarse sola en la oscuridad de aquel peligroso y poco transitado periférico, sobre todo después de los desgajamientos de cerro a causa de las lluvias de principio del mes y de los ejecutados aparecidos a orillas de la carretera, decidió aceptar mi ofrecimiento.

Camino a casa, nos fuimos cogiendo confianza y ella me platicó a grandes rasgos los muchos sufrimientos que últimamente había estado experimentando a causa de los múltiples problemas por la inseguridad de su celoso marido, por lo que en el momento menos esperado empezó a sollozar y a lamentarse de cómo a pesar de ser ella una modelo exitosa que recientemente había sido contratada por una compañía patrocinadora del club Indios de Juárez no experimentaba satisfacción en su matrimonio.

Casi al llegar a nuestro destino me detuve en una gasolinera a cargar combustible y aproveché para comprar una botella de agua en el negocio contiguo para que se pudiese remojar los labios y la garganta y despejar un poco de la mucha angustia que las penas propias de casi todos los matrimonios y de la mayoría de los automóviles conllevan.

A la vuelta de casa, ella me pidió que me detuviese un momento antes de dejarla. Al parecer, su marido estaba por llegar y ella temía que la fuese a regañar y a amonestar por haberse tomado la libertad de permitir que un extraño la condujera a casa a esas horas de la noche.

Traté de darle ánimos y de convencerla que no era su culpa que el celular y el automóvil le hubiesen fallado, pero ella insistía en que tenía miedo llegar a casa y no acertaba a decidir qué hacer a pesar de que yo trataba de calmarla y le repetí en muchas ocasiones que su marido no debía controlar a tal grado su vida hasta el punto de ni siquiera permitir que alguien la llevase a casa a pesar que la lluvia ya había empezado a caer por toda la ciudad. Ella hubiese preferido quedarse en el interior de su automóvil hasta que su marido llegara para no causarle molestias, así que ahora no sabía exactamente qué hacer.

En un momento inesperado para mí, me preguntó que qué podría hacer para agradecerme el favor de haberla recogido en la carretera y haberla llevado tan amablemente a casa. Nunca he conocido a una persona tan agradable y tan bondadosa como usted, me dijo.

¿Cómo puedo agradecerle que sea usted tan cortés y caballeroso conmigo sin siquiera conocerme?, me dijo en varias ocasiones a pesar de que yo insistía en que si a mí me había tocado ayudarla en esa penosa situación, ella debería tratar de hacerle un favor a alguien si algún día tenía la oportunidad de hacerlo, aunque fuese a un extraño.

Hay que hacer el bien sin mirar a quién, le dije, y agregué que no se preocupara, que le había ayudado con gusto y que ella debía hacer igual cuando tuviese la oportunidad.

Después de mucha insistencia de su parte en que debía agradecerme de algún modo el favor, y a pesar de que me resistí para no aprovecharme de la situación, terminé por aceptar que se me entregara en el asiento posterior de mi camioneta.

La lluvia caía como si las nubes estuviesen abortando el cielo y las calles parecían ya haberse convertido en arroyos extraviados y temerosos de no poder encontrar el cauce que los condujera al río que los llevaría eventualmente al mar. Los vidrios se empañaron por el calor que nuestros cuerpos sudorosos y jadeantes expulsaban por todos los poros de la piel. El ruido del arroyo bajo las llantas de mi camioneta hacía que nuestros gemidos se perdieran y el vaivén de la camioneta parecía ir al ritmo de la lluvia. El golpeteo de las gotas de agua sobre el techo de la camioneta ocultó los gritos de placer que la modelo de televisión producía por el intenso placer que el amor prohibido e inesperado nos ocasionaba.

Tan pronto hubimos terminado la faena amatoria encendí el motor de mi camioneta y conduje alrededor de la manzana hasta el lugar que ella me indicó. Descendió justo en la banqueta de enfrente y le permití que utilizara mi paraguas para cruzar la calle y entrara a casa. Entonces me deshice del condón usado depositándolo en un bote grande de basura que usualmente está en la banqueta de la casa y me acomodé la ropa lo mejor que pude para que ninguna arruga o mancha en mi traje delatara la aventura que una hermosa dama me había regalado como agradecimiento por ser un buen ciudadano.

“Hay veces que nada el pato y otras que ni agua bebe” dice el dicho. Y aquella noche había llovido tanto que el pato bebió la belleza de una modelo de televisión a quien le había tocado un marido tan mediocre que en lugar de apreciar su belleza y estimularla le ocasionaba constantes daños a su autoestima, produciendo paulatinamente una muerte lenta, más lenta que la de los ejecutados del Camino Real.

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lunes 29 de septiembre de 2008

Noche 28 de 365 noches de sexo

Noche 28. sábado 6 de septiembre de 2008.


Lograr un orgasmo simultáneo es espléndido, y si la esposa y el marido están juntos en el momento del clímax, es mágico.

A pesar de ser sábado por la noche, el hospital general estaba invadido por una gran cantidad de pacientes que caminaban de un extremo al otro por todos los pasillos de la institución y los médicos y las enfermeras deambulaban organizadamente para realizar su labor cual hormigas comunistas. Muchos familiares de los enfermos se encontraban también por doquier como si se estuviese llevando a cabo una fiesta patronal del panal de la colonia.

Una enfermera de esas que parece que jamás le ha dolido nada pero que a cualquiera de sus pacientes le encantaría recibir algo de su atención personalizada caminaba rumbo a la salida del hospital cuando yo entré. Abrí la puerta para darle paso y ella me miró a los ojos, como si me conociera de tiempo atrás. Entonces fue que la reconocí. Y ella no me conocía de atrás, sino de enfrente; precisamente porque era ella quien había auxiliado al médico que me realizó la vasectomía en otro hospital de la localidad el año anterior.

Inmediatamente nos reconocimos la enfermera y el que esto recuerda, porque en aquella ocasión, y como pre-requisito para ser intervenido quirúrgicamente de tal asunto, había yo de masturbarme diez veces, o más, hasta que de plano no quedaran rastros de semen en mi cuerpo, como si se tratara del holocausto de los espermatozoides asistidos por la mano aria. O sea, peor que la extracción de sangre, acá no era el vampiro que te deja seco por chuparte la sangre, acá debías auto-exprimirte hasta que todo te saliera por el pene y no dejar ni rastro de esperma en los conductos.

Debido a la obligada extracción hasta secar la semilla, ella había tenido en esa ocasión que soportar mis insistentes miradas de lascivia y peladez, pues yo no encontraba inspiración para empresa tan sádica y esforzada, sobre todo de la 5ª a la 10º “chaqueta,” o “puñeta”, como dicen los muchachos de ahora. Por lo que hube de utilizar a la heredera de los principios de Florence Nightingale como objeto de mi inspiración para logar erecciones consecutivas, las primeras con vigor y las últimas con dolor. Como dijo el doctor cuando terminó la operación y se disponía a marcharse para realizar otra cirugía: “parto con dolor,” así me pasó exactamente en cada erección y en cada eyaculación que obtuve aquel día, partí con dolor hacia rumbos hasta ese momento desconocidos para mí a pesar de haber practicado bastante tal acción desde mis años mozos hasta mis noches de soledad lejos de casa.

-¿La acompaño? -Le pregunté en cuanto cruzó el umbral de la puerta del hospital para dirigirse a su casa. Ella lo pensó un momento recordando quizás que yo tengo pareja y que estoy muy enamorado, pero cuando le volvía a lanzar mi mirada de paciente vasectomiado sonrió y aceptó que la condujera a su casa en mi automóvil.

En el trayecto platicamos de cosas que usualmente no platican una enfermera y un ex paciente, por lo que cuando ella descendió en la banqueta frente a su casa, antes de encaminarse hacia la puerta, volvió la cabeza y me agradeció la dejada y con una mirada de borrego a medio morir me preguntó si deseaba entrar a tomar una tacita de café. A lo que yo, con una sonrisa estéril en el rostro acepté sin dudar un solo instante por la posibilidad de hacer realidad lo que en mis fantasías con ella me había costado tanto esfuerzo, pues a la mano cansa y al muñeco le cala la fricción esquizofrénica preoperatoria.

Total que ya dentro de la cama la calentura de nuestra desnudez revivió las diez chaquetas cual si ella me fuera a cortar algún otro conducto potencialmente ocasionador de oportunidades para acrecentar la raza humana con chilpayatitos con cara de conejo estéril. Exprimió y succionó de diversas maneras hasta que se aseguró que no había más líquidos en mis conductos para ni siquiera mojar las sábanas.

A diferencia de las diez “manuelas” previas a la cirugía, el ser exprimido por una mujer da para intentar el record de llegar a la docena diaria. Lo cual estuvimos casi a punto de lograr, si no fuera porque ella padecía ese día de una fuerte jaqueca y las pastillas no actuaron con suficiente prontitud, por lo que debí regresarla al trabajo esa noche porque ella debía asistir a su doctor en una cirugía “menor” a un catedrático del Centro Chihuahuense de Estudios de Posgrado.

Es “algo del cerebro,” me habría dicho después mi reinita, quien durante años soñó con ser enfermera, pero que las circunstancias de la vida le habían conducido a convertirse en una modelo exitosa.

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viernes 26 de septiembre de 2008

Ceremonia de donación de libros de Escritores Chihuahuenses



CEREMONIA DE DONACIÓN DE LIBROS DE ESCRITORES CHIHUAHUENSES


Jueves 25 de septiembre de 2008

Biblioteca de la Benemérita y Centenaria Esc. Normal del Estado de Chihuahua "Profr. Luis Urías B." (ByCENECH).

El jueves 25 de septiembre de 2008, en punto de las 11:30 horas de la mañana, el Profr. Paulino Arreola Arreola, a nombre de la Sociedad General de Escritores Chihuahuenses en Línea (SOGECHIL) y de todos los escritores chihuahuenses incluidos en el Portal de Escritores de Chihuahua (http://www.escritores.dechihuahua.com), asiste a la biblioteca de la ByCENECH y realiza el corte de listón para inaugurar la nueva sección titulada "Escritores chihuahuenses" que fue ubicada precisamente en el interior de la biblioteca antes mencionada.

Los 112 libros donados a la biblioteca, fueron parte de una colecta realizada del 4 al 24 de septiembre de 2008 entre escritores de Chihuahua, proyecto iniciado por el Profr. Paulino Arreola Arreola y por Adán Paúl Arreola. Durante la ceremonia de inauguración de la nueva sección en la biblioteca se hizo mención de que este donativo es simbólico, puesto que posteriormente se recabarán más libros que no llegaron a tiempo o que serán enviados con posterioridad.

Se anunció durante la ceremonia que varios de los autores cuyos títulos se incluyen en esta primera etapa son profesores egresados de la propia Esc. Normal del Estado de Chihuahua, tales como Román Corral Sandoval, Mario López Morales, Paulino Arreola Arreola, por mencionar algunos.

La Mtra. Silvia Romero, directora de la Escuela Normal del Estado de Chihuahua, pidió al profesor Paulino Arreola Arreola que sea el conducto por el que se haga llegar un afectuoso agradecimiento para todos los escritores chihuahuenses que contribuyeron en esta primera etapa de recolección de libros para que la biblioteca de la institución se vea enriquecida con títulos de géneros tan variados que van desde los libros académicos o históricos hasta los de novelas y narraciones infantiles; con autores como José Vicente Anaya, Víctor Orozco, Yolanda Angulo Parra, entre otros.

El profesor Arreola enfatizó durante la ceremonia que más libros van a ser agregados a la lista en los próximos días, pues algunos fueron enviados por paquetería desde diversas ciudades y estados de la república, así como otros que están en proceso de recogerse en los domicilios de los propios escritores chihuahuenses.

Para más información acerca del evento, favor de visitar el siguiente enlace:

http://www.escritores.dechihuahua.com/noticias/donarlibrosByCENECH.asp

martes 23 de septiembre de 2008

Noche 27 de 365 noches de sexo

Noche 27. Viernes 5 de septiembre de 2008.


Las luces de la ciudad habían empezado a aparecer en las ventanas de las casas y en los postes de luz de las avenidas; los aparadores de los negocios habían encendido las tricolores luces para recordar a todos los transeúntes que estábamos ya en el mes de la patria; las luces rojas de los automóviles delante de mí se encendían y apagaban conforme los semáforos cambiaban de luz y el ritmo del tráfico lo aconsejaba.

Hacía calor cuando aparqué mi automóvil a la entrada de la terminal del aeropuerto internacional de la ciudad y el hombre que me había pagado el viaje descendió apurado y corrió para alcanzar el avión que estaba a punto de elevarse para no descender hasta arribar a la ciudad de México.

Tomé la ruta para abandonar el lugar y justo en la banqueta de la avenida Tecnológico, a la salida del aeropuerto, una hermosa y elegante dama me hizo la parada, por lo que me detuve para que abordara y metí su maleta en la cajuela.

-Ni un solo carro de sitio del aeropuerto –se quejó la dama;- todos se ocuparon debido a que más de dos aeronaves aterrizaron casi al mismo tiempo, procedentes de diferentes ciudades. Y yo tuve que caminar hasta la calle para poder encontrar un auto disponible. Qué desorganización en ese lugar, nada qué ver con los aeropuertos de los Estados Unidos.

No nos permiten levantar clientes dentro del aeropuerto, le dije, sólo dejamos el pasaje y debemos marcharnos, pues ellos tienen varias concesiones en el aeropuerto y son muy estrictos respecto a permitir que otros taxistas demos el servicio en el interior. Pero ya ve, a veces no se la acaban para dar el servicio.

A propósito, le dije mirando por el espejo retrovisor sus grandes ojos almendrados que en ese momento me miraban también, ¿a dónde la llevo?

-Al hotel Fiesta –ordenó mientras abría discretamente sus piernas como para darme la oportunidad de que yo disfrutara sus deliciosos muslos y aquellas bragas rojas con encaje que jadeaban de pasión.

Tan pronto llegamos al hotel, hube de llevarla hasta la habitación número dieciocho, en donde había previamente reservado y le ayudé a poner las maletas en el closet junto al cuarto de baño.

En el umbral de la puerta de la habitación del hotel esperé pacientemente que ella sacara su bolso de la maleta para que me pagara el viaje. Pero en lugar de monedero sacó una cajetilla de cigarros y encendió uno con serenidad, como si no se diera por enterada de que yo estaba en espera del pago respectivo.

Cierra la puerta y desnúdate -me dijo sin recato mientras se desvestía frente a mí.- Te pagaré más de lo que ganas.

Me encendí inmediatamente, pero no de emoción, sino de coraje. No era esta la primera ocasión en que una prostituta intentaba pagarme el viaje con cuerpo-mático. Págame con dinero le dije. Eres bella y tienes buen porte, seguramente no te deben faltar los clientes, pero yo no trabajo por sexo, trabajo por dinero.

Después de unos minutos de discusión estéril y de tratar de negociar mi pago, acabé por entender que no iba a lograr nada si seguía insistiendo, más que perder mi tiempo. Así que terminé por aceptar que me pagara la dejada con una venida. Después de todo, me dije, es una vieja bien buena que vale la pena echarse unos polvos con ella antes de volver al trabajo. De lo perdido lo que caiga, me dije, y me lancé directamente a tratar de besarla apasionadamente, para hacerla desquitar mi salario.

-Momento -me dijo,- nada de besos. Tú sabes que en nuestro gremio los besos en la boca están prohibidos. Eso sólo se reserva para el ser querido.

Malditas prostitutas baratas, pensé, pueden besar y acostarse con varios tipos en una misma noche, pero a ninguno le besarán en la boca, sólo al hombre que aman. Vaya manera de guardar fidelidad. Pero en fin, a desquitar la gasolina consumida y el tiempo perdido.

Aquel manjar que en otra circunstancia me hubiera costado fácilmente arriba de los mil ochocientos pesos, más el hotel y las bebidas, me costó lo que cuesta una dejada y mi ganancia fue una venida.

Dejé que me cogiera cariño sin besarme y le agarré todo lo que pude y hasta aparté para llevar lo que me fue posible del aroma de aquella piel fresca de sus treinta y tantas primaveras bien cultivadas. Menos de once minutos de placer fueron suficientes para pagarme el tiempo, el kilometraje y la comisión para el concesionario.

Salí de la habitación directo a la guantera de mi automóvil para extraer unos limones y chupármelos en el trayecto de regreso a mi casa, para no mostrar signos de lujuria cuando mi mujer me abriera la puerta de la casa para recibirme con un beso después de una larga jornada vagando por las calles de la ciudad. Después de todo, aquel había sido el último viaje de mi turno, pero me juré que la próxima vez cobraría por adelantado a toda mujer con cara de prostituta y bragas rojas con encajes.

Después de que me hube chupado los limones a placer decidí terminar la jornada como Dios manda, con mi mujer. Así que encendí un cigarrillo y lo fumé hasta el final y luego toqué la puerta esperando que la vida no me cambira el destino. Ella abrió casi al instante. Buenas noches, reinita, dije, y nos fuimos a dormir tranquilos aquella noche; ella con una expresión de satisfacción en el rostro, yo con cara de limón chupado.

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domingo 21 de septiembre de 2008

Noche 26 de 365 noches de sexo

Noche 26. jueves 4 de septiembre de 2008.

Escalé hasta sus gemelos Mohinoras y en la cima disfruté de las alturas que en el éxtasis mareaban cada duda que el paisaje me mostraba. Como baile en zapatillas de charol yo zigzagueé toda la cumbre de sus sueños escondidos y en cascada Basaseachic me vacié con cada chorro que mi río serpenteaba.

Con mi lengua recorrí sus vertederos y sus presas fueron prisioneras de mis dedos extasiados al volar a cielo raso sus trigales abundantes y de aquel pato triguero de Ascensión besé más que simplemente un par de alas desde Janos a diciembre.

Sus manzanas en mis manos se volvieron asaderos de Ahumada y en los filtros de Camargo fui capaz yo de saciar todas las ansias contenidas en cabañas de la sierra. Por la noche las estrellas de Chihuahua me brindaron el placer de tres abrazos en la Prieta que en Parral fue como hogar de la Adelita.

En Delicias una virgen de Madero me chupó todos mis sueños y en sus besos cada verso en sus canales se gozó de la segunda de Rosales cual si fuera señorita ojos-azules y piel-blanca de Nonoava o de Guachochic.

En laguna de Ojos Verdes las estrellas de sus ojos me guiaron a Cuauhtémoc y en minutos desperté otra vez en Carichíc con una sábana tejida por chabochis de Guachochic en la noche de María cobijada por el manto de la reina.

La blancura de sus dientes me mordió en Samalayuca y en las aguas de Ojinaga nos metimos al granero sin rebozo ni sombrero y nos dimos arrumacos con gemidos desde Uruachic hasta el bosque en Gran Morelos.

En el tren que por la sierra serpentea nos comimos una torta y tres pescados y saciamos en su túnel mis instintos y sus ansias con el ritmo de guitarras de Jiménez y en Aldama la cajeta en sus mejillas resbaló entre mis miserias y se hundió en arroyos hondos donde Villa se ocultaba de los yanquis.

Con Cuarenta Casas Grandes y el ganado cara blanca nos sentimos satisfechos del amor que nos brindamos bajo el cielo de Balleza en una noche de calores y sudores muy privados que en orgasmos virginales explotaron en sus Grutas subterráneas y en los picos de la luna.

Agotados por el viaje tan extenso que su cuerpo y mis anhelos realizaron por las rutas del amor y la pasión, acampamos una noche en San Juanito, y en Bocoyna nos comimos un pollito zarandeado al estilo tarahumara para luego descender por el cañón del Cobre y entre plátanos y nueces nos amamos como prueba de equilibrio al pasar Piedra Volada degustando un buen teshuino asoleado en Baquiriachic.

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sábado 20 de septiembre de 2008

Noche 25 de 365 noches de sexo

Noche 25. Miércoles 3 de septiembre de 2008.

Esa noche nos encontrábamos dentro del salón de clases dispuestos a tomar nuestra clase de lengua nacional. En algún momento de la clase, después que hubimos repasado las definiciones de las palabras “calentura, pasión, fornicar y sexo”, y cuando la atención estaba centrada en la conjugación de los verbos más eróticos que existen, mi reinita y yo nos pusimos de pie frente a los compañeros del grupo y, para sorpresa de todos, incluido el profesor, nos desvestimos rápidamente, y sin preámbulo introduje mi

pene, falo, miembro, gallo, chocolate, varilla, salchicha, palanca, pito, flauta, verga, órgano, extremidad, pieza, gancho, mástil, retoño, palo, chícharo, clavo, tornillo, espada, pistola, plátano, vara, pájaro, amigo, estaca, lápiz, burro, toro, asunto, negocio, llave, monstruo, dobermann, garrocha, cirio, columna, terminator, dinosaurio, gansito, paleta, chocoleta, ratón, elefantito, esquizofrénico, mastodonte, pepino, zanahoria, serpiente, anaconda, varita mágica, peor-es-nada, negrito, maligno, miseria

en su

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En eso estábamos cuando el director de la escuela nocturna interrumpió nuestros ejercicios sintácticos en los que nos esforzábamos a conciencia con la finalidad de encontrar más sinónimos necesarios para decir que estábamos cogiéndonos cariño con gramaticales movimientos de vaivenes oscilatorios y trepidatorios aún no registrados en el sismógrafo recientemente instalado en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

El profesor, sin pedir ni dar ningún tipo de explicaciones, simplemente nos expulsó del plantel y los agentes de la policía municipal nos confinaron en celdas separadas hasta el amanecer del día siguiente en la estación Delicias. Estación de donde fuimos rescatados por los alumnos de la clase de lengua nacional después de pagar una fianza completada por colecta grupal a condición de que les pasáramos nuestros apuntes tan pronto nos recuperásemos del susto.

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PAULINO ARREOLA ARREOLA

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viernes 19 de septiembre de 2008

Noche 24 de 365 noches de sexo

Noche 24. Martes 2 de septiembre de 2008.


Nunca será tu primera vez hasta que suceda el milagro de que encuentres una boca que te dé tanto placer y tanta felicidad como la que yo encontré para mí.

Delicadamente, ella introdujo el pulgar de mi pie derecho en su boca, lamió, chupó y mordió. Hizo lo mismo con el izquierdo. Luego continuó con los dedos restantes de mi pie derecho. Después, ella repitió el ritual con mi pie izquierdo. Introdujo, lamió, chupó y mordió. Y cuando estuvo satisfecha se desvivió visitando todo mi cuerpo como turista extranjero en el mes de la patria.

Ella hizo todo lo anterior, y más, con su boca. Esa boca que, tibia y húmeda, me da placer cuando me acaricia, cuando me besa, cuando me chupa, cuando me lame, cuando me muerde. Esa boca que recorre todo mi cuerpo sin intenciones de hacer parada ni de arraigarse en ningún punto del horizonte de mi humanidad. Esa boca cuyos labios susurran y cantan, aprietan y aflojan, besan y muerden.

La boca que besó los labios del que esto escribe habla maravillas de mi cuerpo, porque lo ha saboreado, lo ha mordido; lo ha lamido, lo ha chupado hasta más allá de los límites del cansancio y de la saciedad. La boca que anoche fue dueña de esta piel ha sido feliz porque llegó al entendimiento de que está hecha para mí.

Una boca me besó anoche y logró que mi piel se estremeciera incontrolable sobre las sábanas que fueron mudos testigos de las maravillas que una lengua puede hacer cuando se concentra en el prepucio y en el occipucio, en el lóbulo y en el párpado, en las bragaduras y en las comisuras.

Esa boca sí existe. Lo sé porque anoche susurró a mis oídos la canción del amor y de la pasión. Existe porque al amanecer encontré mi piel más feliz y mis labios más gruesos. La boca perfecta existe porque las imperfecciones de mi cuerpo sintieron el paso de una lengua conquistadora y de unos dientes cariñosos que surcaron de norte a sur y de este a oeste cada poro en que pudieron sembrar su semilla erotizada y pasional.

Oh boca depravada y santa, inocente y prostituta, adúltera y virgen, ábrete para que yo entre, ciérrate para que todo apriete. Ríete para que yo te llore, llórame para que yo te goce. Háblame para que me embrujes; alábame para que me derrotes; cántame para que me embeleses. Pero sobre todo, ámame todas las noches para que yo jamás olvide que eres la boca que amo, y la boca que me ama.

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martes 16 de septiembre de 2008

Noche 23 de 365 noches de sexo

Noche 23. Lunes 1 de septiembre de 2008.


Hay partes del cuerpo que no se ejercitan en el gimnasio. Hay atletas y suspirantes a medalla de oro en alguna disciplina deportiva que han dejado ahí suficientes fluidos corporales como para impregnar todo el ambiente de ilusiones. Algunos asiduos asistentes jamás retornarán para mostrar sus trofeos a sus compañeros de sudores, pero otros ya los han dejado en el ambiente del gimnasio.

Después de un fin de semana entregado a los placeres de la carne y de las verduras, nuestros rostros de inicio de semana amanecieron con ciertos rasgos de fatiga y debilidad resaltadas por unos kilitos de más que se acumulan a causa de los desórdenes que ocasiona el sentirse libre temporalmente de las ocupaciones de la semana.

Por la noche, después de las múltiples actividades laborales y familiares decidimos mi reinita y yo ir al gimnasio a realizar nuestras acostumbradas rutinas con la finalidad de resaltar los músculos que a nuestra edad aún parecen estar ahí.

Realicé varias sucesiones hasta completar cien abdominales; levanté varias series de pesas de diversos calibres en tres ocasiones y sudé la camiseta hasta que la humedad me llegaba hasta las partes más íntimas y menos musculosas. Lo mismo hacía mi pareja mientras tanto, a excepción que a ella le gusta trabajar más la pompa y los pectorales.

Completamente húmedos de santas sean nuestras partes, maliciosamente nos miramos desde lejos, discretamente para no llamar la atención de los muchos deportistas que, cada uno ensimismado en su rutina, parecían sumergidos en un mundo interior tan profundo que aparentaban ser máquinas vivientes hechas para repetir una y otra vez los mismos ejercicios sin aparente desgaste físico ni sufrimiento.

Aquella mirada malévola y seductora que cruzamos entre máquinas y sudores que escurrían hasta empapar las pesas y mesas de ejercitar fue como la señal que habíamos estado esperando, sin proponérnoslo previamente. Sigilosamente, primero ella y luego yo, nos introdujimos a un pequeño cuarto de madera dentro del gimnasio que se usa para cambiarse de ropa, junto a los estantes.

Con dificultad, pero con prisa, nos deshicimos de la ropa húmeda tan pronto como habíamos entrado al privado que es para una persona a la vez. Las fajas elásticas y de cuero que utilizábamos para evitar ocasionarnos hernias al ejercitar cayeron a nuestros pies y el sudor empezó a humedecer el piso.

Desde nuestro escondite improvisado alcanzábamos a escuchar los gemidos del guarda-espaldas que aceleradamente levantaba y bajaba sus 40 kilogramos de peso. Más allá, los “gaystorades”, dos hombres que estaban preparándose para un concurso estatal de levantamiento de pesas y que diariamente ejercitaban en bicicletas estacionarias mostraban una sonrisa libidinosamente babosa. Tan cerca estaban las bicicletas una de la otra que parecían ser novias también. Un boxeador golpeaba su perilla preferida con tal saña como si ésta le debiera dinero y se rehusara a pagar. “La Chacala” ensayaba caídas desde la tercera cuerda sin colchón para prepararse para la lucha del siguiente sábado en el gimnasio municipal.

Desnudos, en un espacio tan reducido, y acicateados por el inminente riesgo de que alguno de los asistentes al gimnasio decidiera usar el privado para cambiarse, no pudimos pensar en muchas opciones de posiciones extrañas o tradicionales. Así que simplemente le introduje mi sudoroso miembro en su húmeda calentura y en un particular estilo de vaivén oscilatorio y trepidatorio de varios grados en la escala de Richter hicimos algunas repeticiones como en las rutinas del gimnasio.

Sin embargo, no tardamos los once minutos que menciona Paulo Coelho para llegar al clímax. Nosotros explotamos como locos mientras luchábamos para no gritar a causa de los acelerados jadeos y gritos escandalosos de placer.

A diferencia de otras ocasiones al hacer el amor con mi mujer, decidí que debía hacer algo peculiar. Así que antes de mi eyaculación extraje mi volcán en erupción y apunté hacia las paredes de madera, como para grafitear el único lugar que me faltaba por demarcar en ese gimnasio, pues para esas fechas las paredes de todo el área pública estaban de alguna manera ya impregnadas de mi olor a sudor.

Si hubiese tenido suficiente, me hubiera complacido mucho trazar con mi esperma sobre las paredes del privado las siguientes palabras: “Aquí estuvo el Paulino,” como acostumbrábamos hacer en los baños de las escuelas primarias y secundarias en donde estudiamos en la infancia, aunque en esas épocas lo hacíamos con crayolas o con orines.

Existen muchas cosas que el público puede hacer en un gimnasio popular. Hay cosas privadas que también se pueden hacer ahí, si se tiene el valor de arriesgar y soportar las posibles consecuencias de los actos de locura y pasión como los de esta pareja que jamás se queda atrás cuando de intentar cosas nuevas se trata.

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Noche 22 de 365 noches de sexo

Noche 22. Domingo 31 de agosto de 2008.

No todo lo que muestran las películas es cierto, pero casi todo lo que se ve en las calles es verdad. En el cine se promueve la fantasía, en la calle sucede la realidad.

A la salida del cinematógrafo nos dirigíamos rumbo a nuestro hogar aún bajo los efectos del consumo nada moderado de refresco con muchos hielos, palomitas de maíz cargadas de rodajas de chile curtido y media barra de chocolate para excitar el paladar.

Ya estaba oscureciendo y en el camino mi reinita sacó de su bolso la mitad de la barra de chocolate que nos había sobrado de la función que habíamos ido a presenciar esa tarde. Apenas unas tardes atrás habíamos acordado que para ayudarla a dejar el vicio de fumar yo le dejaría chupar lo que quisiera de mí, para mantener su boca ocupada y vencer el ansia que ocasiona el estrés de los fumadores. Ella se aficionó tanto a la terapia preventiva que ofreció regalarme un chocolate cada vez que tuviese ganas de fumar.

El gusanito se empezó a alborotar ante el placer de comer el chocolate que apareció sin avisar en manos de mi mujer; así que, calculando que aún faltaba como media hora para llegar a nuestra casa, decidimos apartarnos de la avenida para disponernos a ejercer nuestro derecho a realizar una terapia para prevenir el cáncer de pulmón.

Una patrulla tipo camper se encontraba estacionada junto a un camellón de una avenida transitada que sale de un área residencial muy concurrida. Estacioné mi camioneta justo detrás de la patrulla aprovechando que por el tipo de su camioneta los oficiales tenían dificultad para mirar hacia atrás.

Bajé mi pantalonera deportiva hasta las rodillas sin desabrocharme el cinturón de seguridad y Reinita empezó sin preámbulos a succionar para expulsar todo el estrés que le causa las ansias de fumar. “No te contengas,” es el consejo que le doy siempre que el vicio le acosa, “siempre y cuando estés conmigo. Pero si algún día sientes ganas de fumar y estoy lejos, debes llamarme inmediatamente al celular ya veremos lo que hacemos para que recuperes tu serenidad.”

Mientras ella procuraba deshacerse del ansia que le corroe desde la garganta hasta los pulmones, yo terminaba de consumir el resto del chocolate con tal satisfacción como lo hacen los modelos de televisión que mientras la cámara los enfoca parecen estar extasiados por el placer que causa el consumo de tal golosina.

No sé si fue la barra de chocolate o la terapia que obsequié a mi mujer, pero seguramente cuando los guardias de seguridad del gran centro comercial que se encuentra al otro lado de la calle vean las grabaciones de los videos creerán que yo era uno de esos modelos que sienten un placer intenso mientras comen golosinas.

Cuando terminamos nuestra terapia, subí mi pantalonera y mi dama se secó el rostro con una servilleta desechable y nos dispusimos a marcharnos para llegar a casa temprano. Entonces fue que miré que aquellos hombres, representantes de la ley y el orden, jamás pudieron habernos multado por hacer lo que hicimos en nuestra camioneta, pues ellos hacían cosas semejantes dentro de la unidad; el piloto succionaba el chocolate del copiloto que a su vez comía a puños de un gran bote de palomitas de maíz y en su sonrisa mostraba los estragos de atragantarse con tantas palomitas sin tener a la mano un refresco de cola.

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Noche 21 de 365 noches de sexo

Noche 21. Sábado 30 de agosto de 2008.

Una recámara con cuatro velas y una cama formando el pentágono que representa la naturaleza alimentando la lucha de la tierra contra el cielo, del infierno contra el paraíso, fue el escenario en donde nos amamos una vez más al intentar otra de las oportunidades de encontrar la encrucijada entre la rutina y la novedad, entre el matrimonio y el amor. La suma de fuego, hielo, aire y tierra da como resultado el quinto elemento que es el amor representado por una pareja de seres humanos en agonía extática.

El jarabe con sabor a chocolate fue untado por todo mi cuerpo, de la espalda al frente, de arriba hacia abajo, de pies a cabeza, para lograr esa apariencia de hombre empanizado que toda mujer apetece saborear por lo menos una vez en la vida ya no como postre sino como plato fuerte. Simultáneamente yo me degusté también un postre de mujer de vainilla “a la sábana”.

Ella con sabor a vainilla y yo a chocolate nos lamimos y chupamos el uno al otro hasta saciarnos el hambre y la sed de bebernos cada gota de sudor de la pasión adulterada por esa extraña pero deliciosa combinación que se logra mezclando un poco de sudor de vagina y pene con sabor a chocolate y vainilla.

No hay en la vida beso más sabroso que aquel que se receta en la boca del ser querido después de que éste ha besado previamente los genitales de la pareja. Es la prueba máxima de pertenencia que un hombre y una mujer pueden manifestarse en la intimidad. Hay besos tiernos y apasionados en el amor, pero aquel beso es casi un poco menos que el probar las mieles del beso divino en la erección del falo santo.

Después de una larga jornada nocturna de intentar engullirnos simultáneamente sin lograr más que unos cuantos orgasmos al vapor y trémulas manifestaciones de amor, decidimos purificar nuestra unión y nos bañamos el uno al otro usando cubos de hielo en vez de agua bendita, y lenguas candentes en vez de cirios.

Hilos de agua helada perseguida acosadoramente por lenguas zigzagueantes por todos los rincones de nuestros cuerpos acabaron llevándonos al extremo opuesto de la pasión candorosa. Nos derretimos el uno al otro con besos dulces y luego el hielo se derritió al tocar nuestra piel calentada por latigazos de lengua malévola cocinada a “baño Reinita”.

Sobre el piso de la habitación, tendimos nuestros cuerpos uno encima del otro, ella arriba y yo abajo, para que junto con las cuatro veladoras pudiésemos completar el pentágono del amor cuyo único objeto es ofrendar al universo un orgasmo simultáneo para semilla y fruto del amor y como prueba de reverencia e idolatría hacia lo más sagrado que puede haber en una pareja que se amará por siempre.

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Noche 20 de 365 noches de sexo

Noche 20. Viernes 29 de agosto de 2008.

Afuera: una camisa blanca y una gorra de vigilante saludan para dar la bienvenida a los concurrentes. Adentro: un elegante traje oscuro con corbata roja acaricia a un vestido largo y los vidrios de la camioneta se empiezan a empañar a casusa del calor humano que se evapora entre boca y boca. Más adentro: un vestido de quinceañera y unas zapatillas nuevas se abren paso entre las mesas para saludar a los invitados que han llegado temprano.

Afuera: el guardia revisa uno a uno los automóviles que van ingresando al lugar y les señala con su lámpara de baterías un lugar para que se aparquen. Adentro: contemplo en los ojos de mi dama las estrellas en el cielo y nos vamos desnudando el uno al otro pausada y tiernamente. Más adentro: la música va envolviendo con su sutileza el estado de ánimo de los asistentes y por debajo de las mesas los pares de zapatos empiezan a practicar el vaivén de las ilusiones que no se realizaron jamás.

Afuera: el hombre de la lámpara camina inquieto de un extremo al otro del estacionamiento y apura el paso para dar la impresión de profesionalismo ante los clientes del lugar. Adentro: mis manos recorren todo el camino que en mi mente ya viajé noches atrás y trato de mostrar destreza para no estropear el cálido momento de abrazar y besar a la mujer que amo. Más adentro: la niña-mujer busca entre la multitud una sonrisa que noches atrás le hizo soñar que había encontrado ya a su príncipe azul que la haría elevarse hasta los límites del cielo al ritmo de un vals ensayado a conciencia con otro chambelán.

Afuera: calculando mentalmente el número de cajones disponibles y los automóviles que ingresaron, el guardia comprende que el estacionamiento se empieza a saturar y no puede evitar sentir cierto tedio por todas esas noches que en los últimos tres años ha debido realizar la misma labor. Adentro: procuro llevar la cuenta de todas las veces que la felicidad tocó a mi puerta y permití que escapara por confundir la pasión con el amor. Más adentro: la niña desliza la palma de una mano sobre los encajes de su vestido y con la otra se retoca el peinado esperando que su ilusión venga y la tome de la mano para conducirla al centro de la pista.

Afuera: el hombre hace un último recorrido apurado para ver si aún hay algún espacio para los que van llegando tarde y el dolor de ver sus ilusiones opacadas a lo largo de los años le pesa sobre las espaldas. Adentro: beso todos los rincones del cuerpo de mi dama para asegurarme de no dejar espacio huérfano de caricias y trato de beberme hasta la última gota de ternura del cuerpo de mi mujer pensando que un hombre no sabe y no debe dar por hecho que el amor de una mujer durará para siempre. Más adentro: la quinceañera revisa los últimos detalles antes de dar la señal para que el festejo dé inicio: el pastel está en su lugar, las copas para brindar están llenas de vino, la música en su punto, los invitados en sus mesas y el ramo de rosas en sus manos.

Afuera: el estacionamiento cierra sus puertas y el hombre nocturno no permite más ingresos al área ni pensamientos a su memoria, prefiere concentrarse en la música que desde dentro del salón le alegra el momento. Adentro: ella abre discretamente sus piernas mientras jadea sin recato y yo entro con toda la fuerza de los recuerdos de años perdidos y de noches solitarias en el rincón de sus anhelos. Más adentro: el vals empieza a rondar sobre la pista y los padres de la niña no pueden evitar que la humedad en sus ojos se escurra en caída libre cuando ven que su muñeca se ha convertido en una mujer que ahora se encuentra entre los brazos de un hermoso jovenzuelo que la conduce por la pista al ritmo que a ella le place.

Afuera: la lámpara de baterías y la gorra de vigilante descansan en algún rincón del espacioso lugar para dormitar por momentos y tratar de olvidarse de los celos que le atormentan cada vez más desde que trabaja de noche. Adentro: mi virilidad explota con fuerza incontenible y ocasiona con los violentos movimientos que la camioneta se balancee y a mi mente vienen imágenes de todos aquellos que antes de mí pudiesen haber visitado este mismo lugar para asistir a una fiesta de quince años. Más adentro: el vals se confunde por momentos con una balada desesperada que a la concurrencia le sabe a recuerdos amargos y a secretos de intimidad.

Afuera: alguien mira las estrellas, cigarrillo en mano, y expulsa el humo en espirales hacia el horizonte de sus ilusiones estacionadas en la rutina del trabajo nocturno que duele al recordar a su mujer que para esas horas debe estar ya durmiendo. Adentro: la luz de un cigarrillo ilumina suavemente el techo de la camioneta y el humo se queda estacionado en el interior mientras mi mejor amigo duerme extasiado. Más adentro: la quinceañera termina de ejecutar su primera pieza de baile en sociedad y los asistentes aplauden para desearle felicidad en la nueva etapa que hoy comienza, llena de ilusiones y sueños para el futuro que ayer empezó.

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Noche 19 de 365 noches de sexo

Noche 19. Jueves 28 de agosto de 2008.

Un anillo es, usualmente, el símbolo que las personas lucen en público para mostrar el compromiso adquirido con otra persona, aunque hay anillos que aprietan la relación hasta casi ahogarla y otros que sólo se usarán en la intimidad.

El vaivén de mis caderas me acercaba y me alejaba de mi mujer a cada movimiento y aquello me ocasionaba tanto placer que por momentos pensé solicitar al cielo que el destino me alcanzase en ese momento porque entonces yo estaría complacido de morir en esa posición y en esa faena.

El calor entre ambos cuerpos no lograba evaporarse porque no había espacio entre ambos y a cada retirarse y acercarse nos dábamos maña para que la pasión no se nos escapase por ningún lado.

Un encapuchado de color y aroma de cielo aparecía y desaparecía probando la resistencia de los anillos de aquellas torneadas esferas mágicas que tantas satisfacciones me habían ocasionado desde que una cita a ciegas nos puso frente a frente.

El amor lubricaba cada rincón y todas las paredes que mi visitante nocturno habría de conocer aquella noche, así que mi enamorada y yo decidimos comprometernos a ser pareja para siempre, por lo que compartimos anillos y anhelos que desde entonces nos atan y nos unen.

Mi dedo anular y mi mejor amigo vistieron anillos apropiados y acordes con su investidura y entonces el placer se tornó en gemidos y aullidos de locura apasionada, lo que ocasionó que nuestros vecinos se quejaran ante las autoridades por el escándalo causado a medianoche y que opacó los maullidos de los gatos en celo a la luz de la luna.

Anillos de silicón, humanos, y un par de argollas de oro sellaron un compromiso de amarse y respetarse para siempre en la intimidad y en público para goce de la pareja y ejemplo de amor ante todos los que nos rodean sin maquillaje.

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domingo 14 de septiembre de 2008

Noche 18 de 365 noches de sexo

Noche 18. Miércoles 27 de agosto de 2008.

Fingir es el arte de actuar convincentemente y disfrutar el proceso hasta el final. Fingir que se finge es el grado máximo de aberración. Se puede fingir el placer y gozar con eso, pero cuando se finge el no placer es deliciosamente erótico y se logra una especie de éxtasis diabólicamente divino.

Cuando la relación entre dos personas no va caminando apropiadamente, usualmente uno de los dos cae en la innecesaria tentación de fingir lo que no es, para no molestar a la pareja. Así, pretender se convierte en un acto de bondad que daña más a quien se intenta proteger, y en un acto de maldad hacia aquella relación que debiera ser de confianza y comprensión, más que de engaños y pretensiones estériles.

Mi lengua avanzaba inquieta por todos los rincones del cuerpo de mi reinita. Besaba y chupaba delicadamente cada poro de su piel con la ternura que se besa al bebé recién nacido y ella suspiraba y jadeaba conforme el placer alcanzaba niveles de intensidad no controlables.

Finge -supliqué a mi reinita,- que no sientes placer, que todo esto te es indiferente, para explorar hasta que punto una mujer puede negarse conscientemente al placer que las caricias del ser amado le prodiga abundantemente.

Después que ambos entendimos a cabalidad lo que pretendíamos con el experimento en el que yo daba placer pero ella pretendía no gozarlo, nos dispusimos a ejecutar esa experiencia que sería inolvidable por los resultados tan sorprendentes.

Mientras las caricias se expandían por toda la geografía de mi hermosa dama, ella reposaba desnuda sobre las sábanas nuevas de nuestra cama con una expresión de aburrimiento, con los ojos abiertos y una mirada de resignación que a cualquier amante que se precie de ser bueno en la cama hubiese desesperado.

Boca arriba, ella recibía los embates de mi lengua y las discretas mordidas que mis afilados dientes se atrevían a expresar en aras de ocasionarle tanto un delicado placer como un estimulante y tierno dolor.

Su cuello fue testigo de los besos que por horas le prodigué a sus orejas, a sus mejillas rosadas y a sus labios carnosos y húmedos mientas ella aprendía a contener la respiración, a llevar al mínimo los latidos de su corazón, a pensar, quizás, que se encontraba en su empleo realizando actividades monótonas y mecánicamente ensayadas para soportar nueve horas de agonía laboral.

De tanto besar, mis labios se habían puesto más gruesos que de costumbre. Mi respiración se hacía cada vez más acelerada, ocasionando que mi aliento se vaciara entre tibio y caliente en cada poro de su piel.

Ella seguía tendida sobre la cama, luchando con sus sentidos para aprender a prohibirles que realicen todo lo que saben hacer. Ni un gemido se le escuchaba externar, ni siquiera una sonrisa maliciosa que se le escapara me daba pistas de que ella estuviese gozando aquel momento de ser acariciada de pies a cabeza, de cuerpo a alma, pero yo seguía empeñado en vencer sus barreras, esperando el momento en que ella se rindiera y lanzara gemidos o gritos de placer a causa de tanta estimulación a todas y cada una de sus zonas erógenas.

Regularmente, cuando las circunstancias obligan a apoyar la relación con estimulación mental, tanto el hombre como la mujer tienden a pensar todo tipo de cosas que les exciten. Se imagina la persona todas las cosas bellas que producen placer, personas, cosas, lugares, situaciones. Se inventa pues en la imaginación todo tipo de situaciones que ayuden a estimularse, a excitarse.

Sin embargo, cuando el juego es pretender que no se siente placer, aquello no aplica. Se tiene que inventar e imaginar todo tipo de situaciones no eróticas, no placenteras, no agradables.

Su cuerpo estaba invadido de huellas que mi lengua y mis labios habían dejado a su paso, mi cuerpo estaba exhausto de tanto placer que se obtiene al acariciar una piel tan suave que todo se desliza inexorablemente hacia las zonas más íntimas del cuerpo de una dama.

Ella pretendía no sentir placer. Yo no estaba en ese juego, sino en el de tratar de darle la máxima complacencia que mis labios y lengua eran capaces de brindar. Por años había besado, por años había sido besada ella, pero jamás nadie soportó tanto tiempo de mis caricias sin excitarse hasta casi explotar por el placer tan intenso que no es posible ocultar.

En el teatro se han sucedido muchas escenas en las que se fingen orgasmos escandalosos o discretos, apasionados o tiernos, pero jamás un actor ha confesado cuántas veces ha tenido que fingir el no placer.

Mi reinita pretendió ocultar lo delicioso que es sentir tanto placer en su piel y acabó quedándose dormida con una sonrisa de gozo que ni Morfeo podía ayudarle a disimular. Yo gocé como loco cada centímetro de su desnudez, sin prisa y acabé, sin tener una eyaculación, con lágrimas en los ojos corriendo por todo mi rostro mientras disfrutaba un éxtasis jamás antes experimentado.

El éxtasis no tiene explicación ni palabras ni señas; tampoco está entre lo divino y lo diabólico, simplemente es el éxtasis.

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lunes 8 de septiembre de 2008

Noche 17 de 365 noches de sexo

Noche 17. Martes 26 de agosto de 2008.

Ella estaba en el patio trasero de la casa terminando de colgar en el tendedero la ropa recién lavada, pues la secadora se había descompuesto el día anterior. Lavaba de noche porque durante el día nos manteníamos tan ocupados que las horas se escurrían entre la humedad de los apasionados besos que nos prodigábamos en cada oportunidad que encontrábamos en nuestra agitada vida.

Ella procuraba acabar la faena antes de que terminara de oscurecer, pero mi insistencia en mirarle el trasero cada vez que ella se agachaba para tomar una pieza más de la cesta la distraía. Su falda corta facilitaba mi intención de mirarle casi todo e imaginar lo que quedaba pendiente.

Por cada pregunta que no contestes antes de que se te acabe el tiempo -le dije- te quitarás una prenda y yo la colgaré del tendedero.

-Por cada prenda que me quite -reviró- me darás un beso y te quitarás además una prenda.

Trato hecho -agregué a sabiendas de que era un juego gana-gana para ambos.- Pero la competencia no termina hasta que alguno de los dos quede completamente desnudo.

¿Cuáles son los nombres de los últimos cinco presidentes de México?, pregunté. Y agregué: corren los cinco segundos.

-Felipe Calderón Hinojosa, Vicente Fox Quesada, Ernesto Zedillo Ponce de León… -apuró a contestar.- Perdiste, le dije. Terminaron tus cinco segundos y te faltó mencionar a Carlos Salinas de Gortari y a Miguel De la Madrid Hurtado.

Entonces ella se desabotonó la falda y me la puso alrededor del cuello. Yo la tomé con cuidado entre mis brazos, acerqué mi nariz para percibir mejor su delicioso aroma, aspiré profundo y finalmente la tendí en el alambre del tendedero. Luego le di un beso a mi mujer y me quité los pantalones y los lancé hacia el patio del vecino por encima de la barda.

¿Cuáles son cinco estados mexicanos que hacen frontera con el país del norte?, pregunté a mi dama antes de que se repusiera de mi atrevimiento.

-Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas -dijo rápidamente pero sin terminar la respuesta antes de cinco segundos.

Lástima, reinita, perdiste una vez más –informé,- aunque en esta pregunta casi ganaste, porque respondiste seis estados. Pero como no lo hiciste en el tiempo acordado, y como el casi no existe, dame tus calzones.

Así lo hizo obedientemente y el juego continuó con el mismo ritual de la primera pregunta hasta que ella se quedó sin ropa y a mí sólo me quedaba el calcetín de mi pie izquierdo. Entonces nos tiramos sobre el pasto del patio y nos amamos antes de que la luna apareciera en el horizonte del cielo y de que las estrellas terminaran de vestirse para salir a dar un paseo por la bóveda celeste.

La noche pudorosa cubrió con su manto nuestra desnudez y después de eyacular sobre el rostro y los pechos de mi mujer envolví lo que quedaba de mi erección utilizando el único calcetín que no había perdido durante el juego ni lanzado hacia los patios de los vecinos.

Después de reposar un poco terminé de colgar la ropa que aún se encontraba en el cesto y luego subimos a la recámara para ver si la ropa limpia del día anterior ya estaba planchada y acomodada en sus respectivos cajones.

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sábado 6 de septiembre de 2008

Noche 16 de 365 noches de sexo

-Noche 16. Lunes 25 de agosto de 2008.

Esta es una noche especial para mí, porque he acabado de comprobar que las estrellas no sólo están en el cielo, sino que también se encuentran entre nosotros, pero que al igual que las del firmamento, son tantas que no hemos apreciado el brillo que todas y cada una de ellas posee.

El descubrir un diamante entre las piedras, el encontrar una aguja en un pajar, el encontrar a la letra perdida entre párrafos y líneas es un milagro, es algo casi imposible de lograr. Por lo que a partir de hoy, este libro en progreso llamado: "365 noches de sexo, con la misma", se enriquece con la colaboración de una poeta y narradora en potencia, de una escritora a quien sólo le hacía falta una oportunidad de mostrar al mundo lo que quizás todas las damas poseen, pero que no todas se atreven a mostrar, su talento para escribir. Lo que se lee a continuación, es producto de una mujer que ha decidido iniciar su carrera literaria con el seudónimo de "Reinita":

"Cuando la puerta de la habitación se cerró tras de nosotros, intenté hacer algo diferente, las luces se apagaron para dar paso a la magia y a la sensualidad.

Hace unos días fui a visitar una bailarina profesional para que me instruyera acerca del arte de los bailes eróticos y sensuales. Le pedí que desde su perspectiva me mostrara las técnicas básicas para hacer lo mismo que ella realiza.

Inicialmente, me cuestionó el por qué de mi interés en algo que usualmente se reserva para que los hombres gocen y que ellas escenifiquen. Le expliqué que de ninguna manera era cuestión laboral sino que al lado de mi pareja deseaba vivir una noche diferente para no caer en la rutina y regalarle momentos intensos de placer.

-Considero, -le dije- que todas las mujeres, casadas o no, debiéramos de informarnos acerca de estos temas para vencer los miedos y tabúes ante nuestro hombre y así lograr atraer su atención de diversas formas. De tal manera que si las chicas “malas” podían hacerlo, todas nosotras también, en razón de satisfacer a nuestra pareja.

-Te enseñaré -me dijo,- pero además debes asistir por lo menos una vez a presenciar el espectáculo en un escenario real, si no es que ya lo has hecho alguna vez.

Según me comentó “Jackie”, su nombre de batalla, debe primero procurarse la creación de un ambiente propicio; la delicadeza en los movimientos, la mirada y los labios juegan un papel muy importante. Así que con atención escuché todo lo que me explicaba con la intención de poner en práctica alguna noche un baile sugestivamente erótico y sensual.

Así que, noches después de la instrucción y de disfrutar de un espectáculo en el que Jackie era el centro de atención de una gran cantidad de caballeros, al cerrar las cortinas me enfoqué en realizar todo lo que en teoría había aprendido.

Debo confesar que como todo lo que haces por primera vez, y aunque esto parece fácil, me resultó muy difícil tomar la decisión de llevar a cabo este acto de desnudismo privado y artístico. Me fue difícil por todos los tabúes, miedos y demás prejuicios que desde pequeñas instalan en nuestro ser los adultos, pero estaba decidida a realizarlo ante mi hombre así que finalmente lo llevé a cabo. Todo a media luz.

Las velas y los inciensos pusieron un toque especial a la habitación, rodeándola de una percepción diferente a lo acostumbrado de día. Esa era la intención. “La música es importante”, me había dicho Jackie, así que procuré temas ejecutados con saxofón, mismos que con tan sólo escucharlos acaban por excitar, por lo sublime de las interpretaciones y la calidad sonora de los modernos discos compactos.

Improvise un tubo en la habitación. Poco a poco empecé a desvestirme hasta quedar con un traje de dos piezas que mi marido me había regalado días atrás con el logo del equipo de futbol de la UNAM.

Le dije a mi puma que se pusiera cómodo y que disfrutara del momento. Quedé de pie frente a él. Mis movimientos eran lentos pero seguros y a la luz de las velas logré hacer notar las partes de mi cuerpo que deseaba observara.

Inicie abriendo el compás de mis piernas. Luego tocando lenta pero maliciosamente mi cuerpo me inclinaba de vez en vez hasta tocar mis pies para luego volver hasta ese lugar donde los lactantes disfrutan a placer, los acaricie lenta pero insistentemente, después volteaba el cuerpo poniendo ante él todo lo mágico que los hombres hurgan por detrás de una mujer.

Movía las caderas al ritmo de la música, mostrando por instantes una faceta que ni yo misma conocía pero que a ambos excitaba plenamente, haciendo que los deseos más íntimos de mi hombre se transportaran hasta mí.

A pesar de la poca distancia que nos separaba se hicieron palpables las emociones entre ambos, quedando poco a poco al descubierto la grandeza que lo caracteriza y que desde el principio intente motivar.

Repetí esto, hasta hacer que su virilidad enloqueciera, permitiendo que su imaginación volara un poco más abajo de mi cintura. Desde ese panorama podía él ver perfectamente mi silueta en cualquiera de sus ángulos. Suavemente levanté una de mis piernas hasta hacerla subir a la altura de la cara para permitir que el deseo lo llenara de punta a punta con mi anatomía tantas veces explorada pero a diferencia de hoy, sin permiso aún de tocar.

Lentamente tocaba mi cuerpo con mis manos a plenitud, como si adivinase que las partes por donde mi mano pasaba, la lengua de mi hombre añoraba hacerlo también. Mi cabello largo por momentos tocaba la cintura y un poco más abajo. Mi lengua jugueteaba con mis dedos humedeciéndolos lenta pero atrevidamente sin dejar de mirarlo en todo momento para que con esto lograra yo transmitir este fuego que a mí también ya me consumía.

Con los dedos aún húmedos, llegué un poco más debajo de mi barbilla hasta alcanzar nuevamente ese punto donde la aureola queda erguida hasta casi explotar de placer para nuevamente seguir hurgando en mi cuerpo hasta ese lugar donde la vida y el éxtasis convergen, ese lugar a donde solo el ser amado tiene acceso y que en esta ocasión disfrutaba yo acariciarlo para él.

A conciencia, realicé esto una y otra vez hasta que noté esa urgencia de mi hombre por tocar. Pero una vez más no lo permití, solo accedí a que él se acercara un poco para luego depositar sobre el un líquido café de un olor delicioso que había preparado con anticipación. Lamí lentamente a sorbos cada gota del chocolate líquido impregnado en su piel haciendo que su cuerpo ardiera de placer por el calor que ya quemaba y que yo no permitía que emergiera totalmente.

Así, con el chocolate y mi saliva sobre él, insistí con el baile de manera tal que con mi cuerpo frotaba el suyo como queriendo que el líquido se confundiera entre ambos, pero prohibiendo a sus manos tocar. No fue sino hasta que dijo “YA”, que permití a sus manos rodear mi cuerpo para disfrutar ambos de esas descargas de electricidad, de ese fuego que ya nos consumía y pedía a gritos transformarse en placer, logrando así una vez más que nuestros cuerpos se estremecieran de goce ante tanto derroche de atrevimiento, amor y ternura.

No sé cuánto nos besamos ni las veces que nos juramos amor eterno. Sé que esa noche permitimos a nuestros sentidos disfrutarse total y plenamente una vez más, como siempre, cuando gozamos el uno del otro allí en nuestra tan amada intimidad."

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Atentamente
"Siempre intento, aunque no siempre puedo"
El conejo impotente
Paulino Arreola
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Noche 15 de 365 noches de sexo

-Noche 15. Domingo 24 de agosto de 2008.

La fina arena del desierto de Samalayuca se empecinaba en introducirse por todos los poros de nuestra piel desnuda cuando nos revolcamos aquella noche de camino de regreso a ciudad Juárez procedentes de Casas Grandes.

Conducía yo por la autopista Chihuahua-Juárez cuando al pasar por el área de los médanos de Samalayuca cerca del atardecer se me ocurrió parar a descansar un poco, pues había manejado cerca de tres horas después de una noche de pasión bajo la bóveda celeste.

Estacioné mi camioneta a la orilla de la carretera y tomé la mano de mi compañera de viaje para caminar rumbo a las lomas de arena blanca que reflejaba aún los últimos rayos de sol que en el horizonte se abalanzaban rumbo al otro extremo del paisaje.

Tan pronto entramos en el área de aquella belleza blanca buscamos una hondonada que cubriera a aquella pareja de locos enamorados a quienes no les importaba caminar desnudos siempre que tenían la oportunidad de hacerlo.

Las huellas de nuestros pasos se fueron alejando cada vez más de la carretera y nos introdujimos a un mundo hasta entonces desconocido para ambos. La fina arena se pegaba a nuestros pies y los contagiaba de la tibieza que durante el día había acumulado el desierto.

Nos tendimos boca arriba sobre la arena para esperar a que las estrellas hicieran su aparición en el cielo y mientras tanto jugamos a hacer angelitos en la arena al extender brazos y piernas hacia arriba y hacia abajo.

Nos abrazamos desnudos permitiendo que los pequeños granos de arena nos impregnaran la piel mientras rodábamos loma abajo trenzados por nuestro amor. Nos besamos apasionadamente durante mucho tiempo y nos acariciamos todo el cuerpo sintiendo crecer la excitación exponencialmente.

La arena sobre la que estábamos tendidos empezó a tomar la forma de nuestros cuerpos uno encima del otro y a hundirse como para formar una barca que nos transportara hasta el otro lado del mar de arena.

El aparecer de la luna sobre el horizonte fue como la señal del cielo que estábamos esperando para copular a satisfacción, sintiendo la libertad que el hombre prehistórico debió dar por hecho, pero que en la actualidad ni siquiera hemos comprendido a cabalidad la seguridad que se obtiene y la libertad que se recupera por tan sólo andar desnudos a la intemperie.

Pensaba yo mientras tanto en lo que la gente pudiera decir si tan sólo alguien tuviese el atrevimiento de pasear desnudo por las calles de la ciudad. Seguramente sería tomado como un loco, candidato automático para ser internado en un hospital siquiátrico.

Debe ser muy emocionante ir al centro de la ciudad, caminar desnudos por enfrente de catedral, recorrer la avenida Juárez y pasar por enfrente del puente internacional para que los viajeros que van y vienen vean que para caminar desnudos no se requiere pasaporte ni credencial de identidad.

Es especial y muy diferente hacer el amor sobre la arena, sea de la playa o de los médanos de Samalayuca, pues los granos de arena se te introducen por todos los poros de la piel y, de plano, por todos los orificios. Si es por la boca pues simplemente escupes sobre el sexo de tu pareja y continúas tu ritual y ya está, pero cuando la vagina se impregna de la fina arena se ocasiona una extraña fricción que ni a ella, ni al pene le sabe bien. Se ocasiona un roce que va justo entre el placer y el dolor. Pero bueno, ya antes comentaba yo de la línea tan delgada que hay entre el dolor y el placer, entre el norte y el sur, entre el cielo y la tierra, entre el infierno y el paraíso.

El hombre ha acabado por aprender a disfrutar la bien merecida expulsión del paraíso y ha decidido gozar lo que puede de este infierno en el que vivimos.

El orgasmo fue también especial, porque la intensidad de la fricción debido a la arena se llega a acrecentar hasta lograr un éxtasis doloroso y placentero, sublime pues.

"Polvo eres y en polvo te convertirás", así que no se debe dejar para otra vida esa extraordinaria experiencia de andar desnudo por la vida y hacer el amor en donde se pueda y se desee, incluso en la arena de Samalayuca, en donde el esperma queda como tributo y semilla para la tierra que te ha visto nacer.

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El conejo impotente
Paulino Arreola
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viernes 5 de septiembre de 2008

Colecta de libros para donar a la ByCENECH



CONVOCATORIA PARA COLECTA DE LIBROS DONADOS PARA BIBLIOTECA DE LA ESC. NORMAL DEL ESTADO DE CHIHUAHUA (ByCENECH) "PROFR. LUIS URÍAS B."

Estimados escritores de Chihuahua,

Soy egresado de la Benemérita y Centenaria Escuela Normal del Estado de Chihuahua (ByCENECH) “Profr. Luis Urías B.,” y mi hijo mayor cursa actualmente el 4º grado y participa dentro del Comité Ejecutivo de la Sociedad de Alumnos de esa institución. Por esas dos razones, ambos hemos decidido iniciar el proyecto de inaugurar dentro de la biblioteca de este plantel una sección designada específicamente para albergar libros de Escritores del estado de Chihuahua. Dicha sección podría llamarse “Rincón de Escritores chihuahuenses” o “Sala de escritores chihuahuenses”

Por lo cual, a través de este medio, convocamos a todos los escritores de Chihuahua para que nos apoyen y contribuyan donando por lo menos un ejemplar de cada uno de sus libros publicados.

Los libros que se recaben serán donados en ceremonia especial el próximo día viernes 19 de septiembre de 2008, a las 10:00 horas de la mañana, justo después del evento de presentación de mi libro “Los niños del basurero: memoria de infancia” (que tendrá lugar de 8 a 10 de la mañana), para lo cual, posteriormente enviaré las invitaciones correspondientes.

Para aquellos escritores que decidan apoyarnos en dicho proyecto, les comunico a continuación el lugar y personas autorizadas para recibir dichos donativos:

*En ciudad Juárez, Chihuahua, Paulino Arreola Arreola pasará personalmente a recoger los libros a donde ustedes le indiquen, favor de contactarlo en los siguientes teléfonos:
Oficina: (656) 629-3300 Ext. 55345
Celular: (656) 280-3606

Correo-e escribe@paulinoarreola.com

*En ciudad Chihuahua, Chihuahua, Adán Paúl Arreola López pasará personalmente a recoger los libros a donde ustedes le indiquen, favor de contactarlo en los siguientes teléfonos:
Celular: (614) 207-6733

Correo-e terraqueotenaz@hotmail.com

Nota importante: Exclusivamente estas dos personas antes mencionadas son las autorizadas para recoger dichos libros.

Así mismo, a los escritores que puedan asistir a la ceremonia de inauguración de la sección en cuestión, se les invita para que nos acompañen al evento, para darle realce y constatar la cantidad y la relación pormenorizada de los libros que se donen en esa ocasión. Relación de libros y donadores que posteriormente publicaremos tanto en el portal de Escritores de Chihuahua en:
--- http://www.escritores.dechihuahua.com ---
como en el portal de La Sociedad de Alumnos de la ByCENECH en: --- http://www.sabycenech.org /---

Para más información, favor de contactar en Cd. Juárez o en Chihuahua a Paulino Arreola y a Adán Paúl Arreola López, respectivamente.

Por su atención y apoyo a este proyecto, de antemano damos un agradecimiento a nombre de todos los lectores que se beneficiarán de esta nueva sección de la biblioteca de la Escuela Normal del Estado de Chihuahua “Profr. Luis Urías B.”

Fraternalmente

Creadores del proyecto

Adán Paúl Arreola López
Paulino Arreola Arreola

jueves 4 de septiembre de 2008

Noche 14 de 365 noches de sexo

Noche 14. Sábado 23 de agosto de 2008.

La segunda noche que pasamos acampando a la orilla de la alberca de aguas termales no fue ni menos ni más intensa y romántica que la anterior, simplemente fue una más de las mil y una que nuestra relación presagiaba.

En esta segunda noche a la orilla de la alberca de agua caliente proveniente del manantial sí había otros turistas que decidieron acampar. Ellos se encontraban unos cincuenta metros arriba, bajo los nogales que ya mostraban grandes racimos de nueces que seguramente se cosecharán durante el mes de noviembre.

A pesar de que ya habíamos instalado la casa de campaña para disponernos a dormir, decidimos antes tender unas cobijas a un lado de la alberca, donde nos acostamos abrazados boca arriba para disfrutar de los placeres de la oscuridad a la intemperie.

Las estrellas en el horizonte del cielo, las luciérnagas merodeando por doquier, el sonido del agua corriendo arroyo abajo y el olor a humedad que escurría de los árboles llenaban los sentidos y nos ocasionaban una increíble sensación de tranquilidad y paz tal que nuestros besos apasionados parecían conectarse con la naturaleza para lograr uno de esos muchos momentos sublimes que sólo logran los enamorados.

-Esta noche me toca a mí –dijo mi reinita refiriéndose a que ahora ella tendría sus orgasmos boca arriba, para contemplar el universo justo en el momento de llegar al clímax, a lo que yo accedí gustoso.

Mientras ella contemplaba las estrellas que salpicaban el cielo despejado y la luna avanzando sobre la cúpula del amor en las alturas yo me dediqué a besar y a chuparle los dedos de los pies uno a uno. Luego recorrí desde los pies a la cabeza, sin discriminar un sólo centímetro de su piel, todo su cuerpo con mi lengua.

El reflejo de la luz de la luna sobre el rostro de mi dama me inspiraba a tratarla con tanta ternura cual si acariciara a una virgen coronada en el paraíso y aproveché para colmarla de atenciones y hacerle saber con mis caricias que la amo y deseo estar con ella para siempre.

Extasiada por el placer de las caricias y el paisaje nocturno tan romántico que ella tenía encima me pidió que me encimara también sobre ella para que la noche fuera perfecta. Así que en la ya famosa posición del misionero descargué todas las ansias contenidas por tanto tiempo de ayuno sexual que la vida me había hecho sufrir en los últimos años.

Esa noche quería acabármela, pero no me la andaba acabando por tanto amor brindado y recibido. La vastedad del universo, que parecía bendecirnos por la plenitud de nuestra entrega, fue testigo mudo de lo que a la intemperie sucedía.

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miércoles 3 de septiembre de 2008

Noche 13 de 365 noches de sexo

Noche 13. Viernes 22 de agosto de 2008.

Las luciérnagas y las estrellas en el horizonte del cielo iluminaban el universo de sus ojos y me lanzaban una luz especial desde sus pupilas que rebotaba en mi cerebro para hacerme caer en el abismo de sus antojos.

Ella estaba enamorada de mí y yo no había intentado siquiera aprender a vivir sin ella, pues estaba atrapado hasta la médula por sus travesuras de chiquilla frágil y graciosa.

Aquella noche habíamos decidido acampar en aquel paraíso escondido entre cerros. Albercas de aguas termales y pasto por todos lados en forma de campo de futbol y canchas para practicar el volibol eran apenas unos de los atractivos del rancho el Vareleño.

Para no variar, como todo lugar que se precie de ser un balneario decente, el lugar estaba surtido de asadores y árboles en abundancia rodeados de vegetación exuberante pero cuidadosamente alineada por el contorno del arroyo que serpenteaba cargado de agua caliente proveniente del ojo de agua a doce kilómetros de distancia.

Después de nadar casi todo el día en aquella gran alberca, instalamos nuestra casa de campaña junto a las albercas, dispuestos a acampar para pasar aquella primera noche de nuestro primer fin de semana de luna de miel.

Conforme la noche fue cayendo, las familias y grupos asistentes al lugar se fueron retirando paulatinamente. Para satisfacción nuestra, de repente todos se habían marchado, quizás para volver al día siguiente, quizás para regresar a sus ciudades de origen; acaso algún velador andaba rondando por los alrededores o de plano se había quedado dormido al ver que el lugar estaba casi completamente despoblado.

El caso es que esa noche mi reinita y yo fuimos los únicos turistas que iban a acampar. Tan pronto como la luna apreció en el horizonte y las estrellas empezaron a iluminar la bóveda celeste decidimos empezar lo que toda pareja de enamorados que se ama necesita hacer al morir la tarde a manos de la implacable noche.

Nos desnudamos sin pudor al sabernos únicos habitantes de aquel paraíso terrenal. Para mi sorpresa, mi dama había decidido depilarse la zona más privada y más apetecida para un hombre enamorado.

Besé apasionadamente aquellos carnosos labios rosados como tantas veces le había besado en la boca y el placer fue tan intenso y tan tierno que pasé muchos minutos practicando desde el beso francés hasta el succionar del bebé para obtener la vital leche que da vida y placer. Luego recorrí su abdomen en ascenso hasta llegar a su boca y ahora le besé los labios inmisericordemente hasta que a ambos nos dolió la mandíbula.

Gozamos sin recato la libertad que sólo se siente al estar desnudos enfrente de la naturaleza en pleno. Las luciérnagas encendían y apagaban sus ilusiones como si desearan que las estrellas respondieran el mensaje telegráfico que transmite la energía del amor.

Sobre el colchón inflable que habíamos usado para jugar en la alberca durante la tarde nos tendimos como náufragos en mitad del océano. Nos amamos en varias ocasiones y finalmente obtuve un maravilloso orgasmo que nada le pide a lo que pudiese ser el éxtasis maravilloso de una virgen en el paraíso.

Mientras eyaculaba sobre la intimidad de mi dama que estaba encima de mí, pude abrir momentáneamente los ojos y entre estertores y gemidos de placer contemplé el universo que se chorreaba por entre los largos cabellos sobre los hombros de mi mujer y las estrellas parecían haberse formado para recorrer el contorno de la silueta plateada de aquella hembra que en poco tiempo me había enseñado a llegar al éxtasis con tan sólo mirarla a los ojos.

Estar desnudo con la naturaleza a tus pies es delicioso y liberador, pero llegar al clímax en el centro del paraíso acompañado por la Eva que todos los Adanes sueñan es como una herejía que amerita ser expulsados del paraíso sin contemplación alguna.

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domingo 31 de agosto de 2008

Noche 12 de 365 noches de sexo

Noche 12. Jueves 21 de agosto de 2008.

A primera vista me gustó, pero realmente no me enamoré de ella sino hasta la primera ocasión en que la miré vestida.

Tuvimos varias citas, usualmente a la salida de su trabajo o del mío. Su uniforme con pantalones holgados y una bata gruesa y larga no le permitía lucir a plenitud todos los atributos de una mujer que fue porrista en la prepa y en la universidad, luego maestra de aerobics y que a base de años de disciplina en el gimnasio había logrado pulir su cuerpo de tal manera que se convirtió en una hembra de esas que paran el tráfico en el centro de cualquier ciudad del mundo durante la hora pico.

La fiesta empezó cerca de las seis de la tarde, pero nosotros arribamos alrededor de las 9 de la noche. Habíamos sido invitados a una convivencia organizada por mis compañeros de trabajo para festejar el cumpleaños de una de ellas.

Aquella noche, mi dama lució por primera vez ante mí un traje de fiesta, ya no su acostumbrado e incómodo uniforme de trabajo que, según me comentó posteriormente, utilizaba para no provocar asedio y tanto acoso de sus compañeros de trabajo y de sus empleados.

Entallada en un vestido negro que le hacía resaltar la silueta ideal que todo hombre ha deseado alguna vez en su vida estrechar entre sus brazos, ella caminó tomada de mi brazo hasta cruzar la amplia sala de la casa de nuestros anfitriones. Tomamos asiento después de las acostumbradas presentaciones y nos integramos a la charla mientras bebíamos tequila y cerveza para acompañar los tradicionales tacos de barbacoa.

A cierta hora de la noche, el anfitrión invitó a todos amablemente a pasar al patio trasero de la casa, en donde había un amplio espacio con piso de cemento y en un rincón el aparato de sonido ya tocaba melodías, por lo que inmediatamente se hicieron parejas para ocupar el centro de la pista para disponerse a bailar.

Después de la media noche la música se había tornado romántica e incitadora, especialmente para las parejas de enamorados que ya para esa hora nos abrazábamos y besábamos al compás de las melodías de Roberto Carlos, Napoleón y José Luis Perales.

Las caricias que mi dama me permitía prodigarle en público se fueron haciendo cada vez más apasionadas y acabó por no importarnos lo que los no bailadores pensaran o cuchichearan desde sus asientos. Sin perder el ritmo de la seducción, yo aprovechaba para besar el cuello de mi reinita mientras la envolvía con mis brazos apretándola cada vez más. Ella se paraba sobre la punta de los pies para alcanzar a besarme las orejas y meter su lengua casi hasta tocar mi cerebro enrarecido por la necesidad de sexo urgente.

Hubo un momento, sin embargo, en que mi amigo Erick, el anfitrión de la fiesta susurró al oído de su pareja algo que a mí me pareció que decía “get a room.” Así que, no comprendiendo a cabalidad si aquel comentario era una invitación formal de un buen anfitrión o de plano una crítica, sigilosamente me escurrí en compañía de mi reinita hacia una de las habitaciones más alejadas de la casa.

Tan pronto entramos a una habitación, mi mujer y yo nos tendimos sobre la cama y nos fuimos quitando la ropa lo más rápido que pudimos sin importarnos lo que estuviese sucediendo a esas horas en el mundo. Que si hubo sismos o guerras, aviones que se cayeron o ríos desbordados no nos importó. Sólo deseábamos estar a solas con nuestro amor y nuestras calenturas que para esa hora ya desbordaban las pocas inhibiciones que una pareja de enamorados puede soportar.

Desnudos sobre el lecho ajeno sólo escuchábamos el eco de la música en el patio trasero y ocasionalmente la voz de los que cantaban aprovechando el karaoke que se había instalado junto al aparato de sonido.

Los besos apasionados en la boca y en todo el cuerpo no opacaban los ruidos generados por nuestros escandalosos gemidos conforme nos acercábamos más al clímax de aquella relación en un lecho prohibido. No dejamos rincón de nuestros cuerpos sin besos y tampoco permitimos que un centímetro de aquella habitación quedara sin impregnarse del olor de nuestros cuerpos jadeantes y sudorosos después de prodigarnos todas las caricias que pudimos experimentar antes de que los demás asistentes a la fiesta empezaran a echarnos de menos.

De pronto, la puerta se abrió sin que tuviésemos tiempo de cubrir la desnudez de nuestros cuerpos con alguna manta. De pie, en el umbral de la puerta, la silueta de mi amigo Erick se dibujó gracias a la luz del pasillo que daba de lleno en su espalda. Nosotros, en la penumbra, continuamos sin interrumpir un segundo lo que estábamos haciendo cuando después de una fracción de segundo Erick se despidió diciendo simplemente “Disculpe papá”, pues nos había confundido con sus padres, que ese día estaban también de visita para acompañar a la festejada.

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jueves 28 de agosto de 2008

Los niños del basurero: memoria de infancia

*Viernes 29 de agosto de 2008.

Evento: Presentación del libro: Los niños del basurero: memoria de infancia.

Autor: Paulino Arreola Arreola.

Lugar: Centro de Actualización del Magisterio de ciudad Juárez (CAMJ), Ciudad Juárez, Chihuahua.

Hora: 11:30 de la mañana.

Invita: Centro de Actualización del Magisterio de ciudad Juárez (CAMJ) dentro del marco de la Feria del Apoyo Pedagógico del CAMJ.

Comentaristas: José Espinoza Medina y Mary Ontiveros.

Actuación especial del declamador Walberto Mendoza “El Bardo de México”.
Entrada libre.

martes 26 de agosto de 2008

Noche 11 de 365 noches de sexo

Noche 11. Miércoles 20 de agosto de 2008.

La calle libertad y la avenida libertinaje hacen esquina, se cruzan en el centro de la ciudad, en la colonia libre albedrío. Es decisión personal tomar la calle o la avenida, ya al oriente ya al poniente, ya hacia arriba ya hacia abajo, pero todas las vías llegan y salen del corazón… de la ciudad.

Anoche, antes de regresar a casa, pasé por la farmacia de la colonia y adquirí algunos condones de colores perfumados con olor a frutas, compré además una pastilla de viagra de 50 miligramos. Jamás había consumido dicha pastilla ni ningún otro medicamento o remedio para lograr una mejor erección, así que tenía ciertos temores y dudas respecto a posibles efectos secundarios, o colaterales. La curiosidad y la necesidad fueron más poderosas que las dudas, y por el intenso placer experimentado esa noche considero que valió la pena tomar el riesgo, pues mi pareja y yo fuimos intensamente felices disfrutando de nuestros cuerpos, cogiéndonos cariño y gozando de nuestro amor apasionadamente.

Jamás mi erección se había prolongado por tanto tiempo como anoche, así que mi reinita y yo aprovechamos para practicar más posiciones que de costumbre. Creo que utilizamos una gran variedad de maneras de tener sexo, quizás más que las que conocíamos.

Como no llegaba yo al clímax y mi erección se mantenía más allá de lo acostumbrado, ella logró más de tres orgasmos consecutivos, los que gozamos y festejamos con más besos y caricias, con más palabras de amor y de compromiso con nuestro futuro en pareja.

El misionero, el sesenta y nueve, el perrito y otras posiciones ya conocidas fueron mero trámite. “Sexo en exceso” sería el nombre más adecuado si tuviese que bautizarse la noche de anoche. Usamos varios condones de colores llamativos con olor a fresa, a uva y a manzana. El sexo anal no faltó y no fue ni menos ni más, simplemente fue.

Sostener indefinidamente una erección para realizar tal variedad de posiciones y darnos tantos besos y caricias fue como un regalo por el cumpleaños adelantado que las parejas acostumbran festejar de diversas maneras. No hubo serenata ni flores, pero hubo palabras y caricias y sexo y más sexo hasta que nos dolió el sexo y acabamos por quedarnos dormidos, exhaustos.

Casi al amanecer, el efecto de la pastilla aún no había cesado y mi pene erguido me despertó cuando la sábana empezó a elevarse amenazadora como volcán a punto de expulsar toda la lava hirviendo que se había quedado atrapada en el fondo de los abismos de mis maliciosos antojos animales. Así que nos echamos el matutino del autista cuyo comportamiento es repetitivo y prolongado y nuevamente paramos sólo cuando ya estábamos exhaustos y mi volcán había dado a luz por enésima vez. Luego nos quedamos dormidos otra vez hasta cerca de las siete de la mañana.

-Buenos días, -dije mientras besaba en la boca a mi compañera en el camino de la vida.

-Ella despertó aún con la sonrisa en sus labios y con una expresión de felicidad tal que sólo acertó a sonreír embelesada y a decir una vez más: “te amo.”

Luego se quedó dormida nuevamente y así la dejé cuando me marché para el trabajo pensando si compraba limones para chuparlos antes de entrar a mi oficina o de plano me arriesgaba a que mis compañeros descubrieran por mi expresión la felicidad que irradiaba y me desbordaba por todos los poros de la piel.

Noche anterior ------------------ Noche siguiente.


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PAULINO ARREOLA ARREOLA